martes, 8 de diciembre de 2009

Cena de SOLIDARIDAD

Cena de SOLIDARIDAD con los refugiados tibetanos en India.
Aportación 10 € y cualquier plato salado o dulce que quieras compartir.
Con motivo de la Navidad celebramos otro año más una cena de recaudación de fondos para ayudar a los refugiados tibetanos que huyen de si país sin nada, porque nada tienen y porque el paso de los Himalayas y las patrullas chinas obligan a ir ligeros para poder correr y esconderse. Este es el programa:
19:00 h Recepción con música relajante y divertida
19:30 h Proyección de un vídeo sobre temas tibetanos
20:00 h Danza creativa a cargo de Úrsula Breuss profesional Suiza de danza terapeútica.
20:30 h Rifa, rifaremos entre los asistentes artículos de la tienda de motivos étnicos.
21:00 h Cena de Solidaridad con los que huyen de su tierra atenazados por el horror y la crueldad de un régimen que sistemáticamente les oprime y margina en detrimento de la mayoría china.

Necesitamos que los que quieran venir envíen un mail a centrotendar@gmail confirmándolo, también pueden hacer el pago por el banco (concepto:"cena solidaria"), en la cuenta 2038-1550-31- 6000059514, y poniendo el nombre del titular de la reserva, así sabremos cuantos amigos nos juntaremos.

GRACIAS A TODOS POR COLABORAR CON UNA CAUSA JUSTA

sábado, 16 de mayo de 2009

Concierto Benéfico


Concierto “Una gompa para Madrid”


Música para el cuerpo y el espíritu con el grupo OCNO

 

 

Madrid, mayo de 2009.- El Centro Budista Tibetano Thubten Dhargye Ling organiza el 29 de mayo el concierto “Una gompa para Madrid”, que contará con la actuación del grupo OCNO. Esta formación ofrecerá un espectáculo musical y estético de carácter psicoactivo.

Bajo el lema: “Música para soñar despierto y para despertar soñando”, OCNO se presenta como un grupo que, además de entretener y divertir a sus oyentes, produce un estado de conciencia beneficioso, liberador y mágico. OCNO ofrece música para el cuerpo, la mente y el espíritu; música que relaja a la par que estimula. 

El concierto tendrá lugar en el Colegio San Agustín de Madrid a las 20:30 y sus beneficios se destinarán al Centro Budista Tibetano Thubten Dhargye Ling y a sus actividades.

 

El ritual de la música

OCNO es un proyecto experimental que une lo ancestral con lo contemporáneo, utilizando una gran diversidad de cantos e instrumentos, como por ejemplo el canto difónico centroasiático, el didgeridoo de los aborígenes australianos, la trompa tibetana, los cuencos cantores de los Himalayas, el singular hang drum, percusiones de diversos lugares del planeta, timbales de efectos, guimbardas y guitarra clásica.

OCNO es uno de los grupos más conocidos de música experimental y cuenta entre sus miembros con Enrique Carriedo, reconocido escritor, músico y terapeuta del sonido, que utiliza sobre todo con el canto difónico, las guimbardas y los cuencos cantores tibetanos y cuarzo, con los que ahora nos deleita en este grupo musical lleno de paz y armonía espiritual.

 Fecha: 29 de mayo de 2009 a las 20:30h.

Lugar: Colegio San Agustín. C/Padre Damián 18. Madrid

Venta de entradas:

Centro Budista Tibetano Thubten Dhargye Ling. C/Canillas nº 22

Colegio San Agustín. C/Padre Damián 18.

Por correo electrónico: gala.benefica@gmail.com

Por teléfono: 91 563 29 59 

 Contacto editorial

Consuelo Torres

consuelo@consuelotorres.es

Tel: 91 382 15 29.

 

Para más información:

THUBTEN DHARGYE LING

Centro Budista Tibetano

C/ Canillas nº 22

28002 Madrid - España

TLF: 91 563 29 59

E-mail: thubtendhargyeling@gmail.com

http://www.budismotibetanomadrid.org

domingo, 1 de marzo de 2009

Si quieres contribuir a la Paz y a la Felicidad del Mundo

Si quieres contribuir a la Paz y a la Felicidad del Mundo...
por S.S. Vajradhara Kya
bje Kalu Rinpoche

1º Busca en tí mismo la fuerza del propósito, la fe en la propia regeneración. Tu divinidad te espera. Esfuérzate en hallarla y actualizarla.

2º Practica en todo momento la religión universal del bien sin distinción de creencias, de clases, de partidos, de intereses, de nacionalidades, de razas, de reinos de la naturaleza.

3º Relega a olvido tus faltas y limitaciones pasadas, para renacer con renovados estímulos a una vida mejor. Entonces, tácitamente serás merecedor de la invisible ayuda.

4º Practica la simpatía y adquiere el hábito del contento a través de todas las circunstancias. Decídete a realizar el leve esfuerzo de prescindir de los pequeños defectos. Lucha con todas tus fuerzas contra la depresión, contra la tristeza, contra el tedio, contra el mal humor. Combate los métodos dominantes de acritud e imponte la condición de ser siempre y con todo el mundo amable.

5º Procura dar todas las facilidades posibles a los demás. Ayúdalos a descubrir su camino más noble y a seguirlo. Haz de la generosidad de pensamiento y acción, tu ley silenciosa.

6º Proponte firmemente no censurar a nadie, ni aún de pensamiento. ¿Qué sabemos de las verdaderas causas de los actos ajenos? Esfuérzate, por el contrario, en comprender.

7º Adopta una divisa solar, de alegría, a todas horas. Entonces, la luz oculta que guía al mundo te la incrementará y te sorprenderán a tí mismo los resultados.

8º Procura no auto-exaltarte ni auto-compadecerte. O sea, no pensar demasiado en tí mismo, si no es con el fín de perfeccionarte.

9º Invoca la armonía como fórmula de salud integral, de equilibirio del cuerpo y del espíritu. Porque la armonía es la ley suprema del Universo.

10º Irradia con humildad tu mensaje viviente de belleza, de espiritualidad y de paz, en un mundo atormentado, materializado, desorientado. El necesita de tu eficaz contribución. Ofrécesela. Ofrécele tu mente positivizada, tu cuerpo puro, tu aura armoniosa, tu contentamiento irradiante, tu fe sin límites en la bondad de la vida y en las leyes que conducen a un alto fin, la evolución humana.


viernes, 27 de febrero de 2009

El poder de la intención / I

El poder de la intención / I


Viernes, 27 Febrero, 2009

Al comienzo del Dhammapada —que significa Camino de la Enseñanza o de la Verdad, considerado como el texto popular cumbre del budismo, el manual ético más perfecto que jamás se haya escrito, entre otros de los atributos que lo definen según sus estudiosos—, se establece lo siguiente en los “Versos Gemelos” del capítulo inicial: “1. La mente es la precursora de todos los estados. La mente es su fundamento y todos ellos son creados por la mente. Si uno habla o actúa con una mente impura, entonces el sufrimiento le sigue del mismo modo que la rueda sigue a la pezuña del buey. 2. La mente es la precursora de todos los estados. La mente es su fundamento y todos ellos son creados por la mente. Si uno habla o actúa con una mente pura, entonces la felicidad le sigue como una sombra que nunca le abandona”. (Versión de Narada Thera, traducción de Ramiro Calle, Edaf, Madrid, 1994.)

Una brillante, erudita y primera traducción directa del pali, la lengua de origen del Dhammapada, al español, hecha por Bhikkhu Nandisena (Dhammodaya Ediciones, México, 2008), propone una interpretación ligeramente distinta: “1. Los estados mentales están precedidos por la mente, liderados por la mente, creados por la mente. Si uno habla o actúa con mente impura, de aquí el sufrimiento lo sigue a uno como la rueda [sigue] la pata [del buey] que tira [el carro]. 2. Los estados mentales están precedidos por la mente, liderados por la mente. Si uno habla o actúa con mente pura, de aquí la felicidad lo sigue a uno como sombra que no se aparta”.

Otra lectura debida a Max Ladner (La enseñanza del Buda, traducción de Gilberto Lachassagne, Mandrágora, Buenos Aires, 1959), dice así: “1. Las condiciones en las cuales nos hallamos son el resultado de lo que hemos pensado, quedan fundadas en la mente, son forjadas por ella; si un hombre habla o actúa con una mente impura, el dolor le sigue como la rueda sigue a la pezuña del buey que tira del carro. 2. Las condiciones en las cuales nos hallamos son el resultado de lo que hemos pensado, quedan fundadas en la mente, son forjadas por ella; si un hombre habla o actúa con una mente pura, la felicidad le sigue como su inseparable sombra.”

Y una última exégesis, debidamente libre y bellamente lírica, del poeta mexicano Alberto Blanco (El camino de la verdad, Árbol Editorial, México, 1990), ofrece estas líneas, encabezadas como “Caminos Paralelos”, en lugar de los “Versos Gemelos” usuales: “Somos lo que pensamos. / Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. / Con nuestros pensamientos construimos el mundo. / Habla o actúa con mente impura / y los problemas te seguirán / como sigue la carreta al buey ensimismado. / Somos lo que pensamos. / Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. / Con nuestros pensamientos construimos el mundo. / Habla o actúa con una mente pura / y la felicidad te seguirá / como tu misma sombra, inseparable”.

La mente impura y las impurezas mentales se refieren a lo que el budismo llama “irritantes síquicos”, esos predominios negativos de la conciencia humana que pueden ser descritos sucintamente como el odio, la avidez y la ignorancia: obstáculos inmensos y afectaciones profundas que infiltran tóxicamente los procesos emocionales y cognitivos del sujeto. El budismo, que es una ciencia del espíritu antes que una filosofía o una religión, ofrece una terapéutica para el ser humano donde se describe la causa de su enfermedad existencial, se establece el diagnóstico, se instrumenta la curación y se aplica el tratamiento, a partir de una verdad objetiva que a la letra dice: “Si la mente es comprendida, todas las cosas son comprendidas”.

En esta terapéutica superior, accesible para cualquiera que esté dispuesto a explorarla, se enseñan tres cosas esenciales: a conocer la mente, que tan cerca está y que tanto se le desconoce; a formarla mente, que tan difícil de manejar es y tan manejable puede ser; a liberar la mente, que tan esclavizada está y que, sin embargo, puede obtener su libertad aquí y ahora. No hay intermediarios, revelaciones o dogmas requeridos para tales afanes pues son personales, empíricos y concretos. Implican una constatación que en nuestra cultura materialista, una cultura de la victimización constante, resulta inaceptable: el mundo, nuestro mundo, es meramente una construcción que depende solamente de uno mismo, de su propia mente, así se atribuya siempre a los otros, al exterior.

Uno de los teólogos católicos más renovadores de los últimos años, Miceal Ledwith, afirma que “creamos nuestra propia realidad cada día, aunque lo encontramos muy difícil de aceptar, pues no hay nada más exquisitamente placentero que culpar a otros por nuestra manera de ser: es la falta de él o de ella, es el sistema, es Dios, son mis padres. Cualquiera que sea la forma en que observemos el mundo a nuestro alrededor, justamente en eso se convierte. Y la razón por la que mi vida, por ejemplo, carece tanto de alegría y felicidad y realización, es que mi propia perspectiva carece precisamente de esas cosas”.

Somos lo que pensamos, y como pensamos vemos, sentimos, amamos, morimos. No es esoteria, fantasía New Age o receta de auto-ayuda. Ya decía George Bernard Shaw que la vida no tiene que ver con encontrarse a uno mismo sino con crearse a uno mismo. Y la mente propia es el único maestro para tal misión: salir de la niebla del sueño y estar completamente despierto. Ser lo que se piensa, pero haber aprendido a purificar la mente para pensar.

Dampa Rabten, heredero de la tradición pictórica tibetana de los thangkas

Dampa Rabten, heredero de la tradición pictórica tibetana de los thangkas
2009-02-27 15:22:28   CRI

Bienvenidos a nuestro programa Minorías étnicas de China, hoy dedicada a los thangkas, imágenes pintadas enrollables y enmarcadas en seda que constituyen una de las principales manifestaciones artísticas de la cultura tibetana. Los pintores de thangkas realizan sus coloridas obras totalmente a mano, utilizando como soporte el papel, la seda y diversas telas. El resultado son pinturas que, transcurridos mil años, conservan aún todo su brillo. Debido a su amplitud temática, los thangkas son considerados como una historia viva del Tíbet. Transmitida de generación en generación, esta singular arte plástica ha sido heredada por varios maestros en esta la región autónoma china. Uno de ellos es Dampa Rabten, profesor de 67 años de la Universidad del Tíbet.

Dampa Rabten (izquierda) y sus discípulos

Entre los tibetanos, los pintores de thangkas suelen conocerse como larepas, es decir, personas que saben pintar imágenes de Buda y de Dios. El oficio de larepa se transmite de padres a hijos, de maestros a discípulos, y entre los monjes de las lamaserías. No obstante, Dampa Rabten heredó esta arte por otra vía. Su abuelo, llamado Tsering, fue un pintor muy allegado al XIII Dalai Lama; y su padre, Kelzang Norb, era diseñador artístico. Influido por el ambiente familiar, desde muy niño Dampa Rabten sintió una fuerte inclinación por la pintura. A los 11 años ya dominaba todas las técnicas de la pintura tradicional tibetana, así como el arte de elaborar los pigmentos. Buena prueba de sus dotes era su capacidad de pintar en la uña de su dedo meñique complejas figuras de árboles, montañas, lagos, ríos, personas, pájaros y otros animales.

Cuando Dampa Rabten tenía 15 años, su padre lo envió al monasterio de Sera, donde ingresó como discípulo del ilustre monje Champa Ngawang. Allí, el joven estudió sistemáticamente la lengua tibetana, la doctrina lamaísta y el arte de la pintura. Kelzang Norb esperaba que su hijo llegara a ser un monje prominente. Pero tres años después, Dampa Rabten abandonó el monasterio. Sin embargo, como él mismo explica, este período de estudio le sirvió para adquirir una sólida y profunda base técnica y artística:

Dampa Rabten (izquierda) estudia técnicas de la pintura

"Los conocimientos y la experiencia que adquirí en el monasterio tuvieron una importancia decisiva en el desarrollo de mi carrera artística. Los conocimientos teóricos no solo me permitieron conocer de forma sistemática la historia, las técnicas, las escuelas y otros aspectos de la pintura de los thangkas, sino que me han servido de rica fuente de inspiración".

Al referirse a las vías de transmisión de las técnicas y el contenido de su arte, Dampa Rabten, que siempre ha vivido rodeado de este tipo de pinturas, no puede evitar suspirar emocionado. En su opinión, a lo largo de la historia del Tíbet ha habido varios maestros de la pintura. No obstante, algunos de ellos, a pesar de dominar la teoría, no supieron pintar. De ahí que resulte tan difícil llegar a ser un verdadero maestro en el arte del los thangkas:

"Por ejemplo: en la transmisión de maestro a discípulo, solo se presta atención al aprendizaje práctico de las técnicas, pasándose por alto los conocimientos teóricos. Este procedimiento impide el desarrollo de la pintura. En tiempos del gobierno Gaxia, el que dirigía el Tíbet feudal, los pintores pertenecíamos a una asociación compuesta por unos doscientos miembros; los pintores de thangkas no llegábamos al centenar."

Pinceles para los thangkas

Desde 1959, año en que se inició la reforma democrática del Tíbet, el Gobierno chino viene mostrando un especial interés por proteger el patrimonio cultural de las minorías étnicas y fomentar su desarrollo. La Universidad del Tíbet se fundó oficialmente en 1985. Al crearse la Facultad de Bellas Artes Tibetanas, Dampa Rabten comprendió que tenía el deber ineludible de incorporarse a ella como profesor de pintura tradicional. Así fue como el arte de los thangkas, la pintura tradicional tibetana por excelencia, se convirtió en una disciplina universitaria.

Dampa Rabten provenía de una ilustre familia de pintores, pero carecía de experiencia en la enseñanza de la pintura tradicional tibetana como disciplina universitaria. Por lo tanto, el desempeño del puesto de profesor universitario entrañaba para él un gran reto. Sin embargo, valiéndose de su sólida base teórica y su prolongada experiencia práctica, empezó a buscar una metodología didáctica adecuada al sistema educativo moderno y a elaborar un exhaustivo plan de estudios. En 1996, Dampa Rabten redactó el libro La pintura tibetana, obra en la que agrupó las técnicas pictóricas autóctonas en cinco escuelas, rompiendo así los esquemas teóricos de la pintura tradicional tibetana.

Estudiantes practicando

"Creo que esta ruptura fue un primer paso necesario para proteger e impulsar un florecimiento sin precedentes de nuestra valiosa cultura. Ahora, mis alumnos, además de ser hábiles pintores, poseen profundos conocimientos sobre el desarrollo histórico del arte de los thangkas, sus diversas escuelas y sus respectivas características. Además, la Universidad del Tíbet imparte actualmente cursos de licenciatura y de maestría, y ya ha solicitado poder impartir cursos de doctorado. Todo ello nos permite ser muy optimistas con respecto al futuro del arte de los thangkas, lo que me hace sentir muy contento."

A medida que el Tíbet se abre más y más al exterior, y el deseo de acceder a su cultura espiritual se generaliza, los thangkas están convirtiéndose en uno de los productos artesanales tibetanos más solicitados, lo que a su vez anima a un creciente número de jóvenes a participar en la difusión de su cultura. En 1995, Penba, uno de los discípulos no universitarios más aventajados de Dampa Rabten, al ver el mercado potencial de este tipo de pintura, decidió abrir una galería dedicada a los thangkas, que sirve al mismo tiempo de academia. Gracias a su tesón, Penba cuenta ahora con un buen número de alumnos y su negocio marcha viento en popa. Pero dejemos que sea él mismo quien nos lo cuente:

Estudiantes practicando

"Abrí esta galería hace ya trece años y el negocio siempre ha ido muy bien. La mayor parte de los thangkas que vendemos los pintamos por encargo, como el que estoy haciendo ahora. Tardaré unos veinte días en terminarlo. Me lo encargó un turista del interior del país que me dará por él más de 3000 yuanes. De los cuatro alumnos que tengo ahora, uno ya se ha licenciado".

En el 2006, los thangkas fueron incluidos en la primera lista del Patrimonio Cultural Inmaterial Chino de Nivel Estatal y varios maestros, entre ellos Dampa Rabten, fueron nombrados herederos del arte de los thangkas de nivel nacional. Por otra parte, a fin de recuperar el uso de los pigmentos vegetales y minerales. Con el decidido apoyo de los departamentos pertinentes, la Universidad del Tíbet estableció un instituto dedicado a la investigación de sus técnicas de elaboración. Como nos explica Ngawang Jigme, profesor de la Universidad del Tíbet, el éxito llegó en 1998:

"Bajo la dirección del profesor Dampa Rabten, en mayo del 1998 logramos elaborar todos los pigmentos tradicionales. Según los expertos, nuestros pigmentos no solo son exactamente como los originales, sino que su calidad es mejor. Actualmente, el Gobierno central está invirtiendo en la reparación y protección de obras arquitectónicas y pictóricas tibetanas antiguas. Por otra parte, la exitosa recuperación de los pigmentos originales ha desempeñado un importante papel en la restauración de varios edificios antiguos, incluido el Palacio de Potala."

Una obra de Thangka 

Debido a su singularidad artística y técnica, pasados mil años los thangkas siguen conservando su brillo y su flamante aspecto. Gracias a los éxitos conseguidos en su protección y transmisión, el arte de los thangkas irradia una peculiar belleza cada vez más atractiva.

Un templo budista hecho de botellas

Un templo budista hecho de botellas

Por Victoria Aznarez 

            

En la  provincia de Sisaket, a unos 600 kilómetros al noroeste de Bangkok se ha realizado una hermosa construcción a base de reciclaje: Un templo budista hecho casi íntegramente de botellas.

El proyecto comenzó en 1984 cuando monjes tailandeses pidieron botellas usadas para construir un templo, desde ese momento comenzaron a llegar donaciones de envases de todas partes de Tailandia y luego de unos años pudieron llegar al millón y medio de botellas para comenzar a construir el templo.

En este templo las botellas se unen por cemento y gracias a su transparencia permite una fácil limpieza y que entre abundante luz en el lugar que incluye una torre de agua y hasta baños para turistas. Las tapas de las botellas también fueron usadas para crear sorprendentes mosaicos con imágenes de buda y elefantes.

Muchas paredes están hechas con botellas de cerveza y aunque para el budismo es pecado tomar alcohol, a los monjes igual les pareció que usarlas como pared seria darles un buen uso a esas botellas.

Gracias al ingenio ecológico aplicado para este lugar, el templo de botellas se ha convertido en una construcción muy visitada por los turistas que andan por el sudeste asiático.



Despójate del futuro

“Despójate del futuro”

El autor propone “cinco enseñanzas que son el corazón de la práctica budista cotidiana: estas verdades siempre son válidas y cualquiera, joven o viejo, puede entenderlas”.







 Por Arnaud Maitland *

Amigos, un precioso cuerpo humano,/ por ser una ocasión única y la conjunción correcta,/ es muy difícil de hallar dentro de las seis formas de vida./ Tan encantado como un ciego/ que se topa accidentalmente con un tesoro escondido,/ usen este cuerpo para alcanzar prosperidad y bienaventuranza. (Longchempa, sabio budista del siglo XIV.)

¿Cómo podemos sacarle el máximo provecho a nuestra vida? Para un budista tibetano, la respuesta a esta pregunta siempre comienza contemplando nuestra enorme suerte por tener una existencia humana. Una imagen tradicional dice: “Tiene mayor probabilidad una tortuga de mar ciega de pasar su cabeza por el agujero de un yugo arrojado al océano, que nosotros de adquirir un cuerpo humano”. Entendiendo que la vida humana es un regalo precioso que debemos apreciar, un budista tradicional suele comenzar el día recitando un texto o una frase para invocar la apreciación del cuerpo, de la mente y de los sentidos, los medios de que disponemos para aprovechar al máximo nuestra vida.

Cinco verdades o enseñanzas dharma nos proveen la estructura que orienta hacia una vida plena de sentido. Estas verdades siempre son válidas, independientemente del tiempo y del espacio. En su simplicidad, cualquiera, joven o viejo, puede entenderlas. Estas cinco verdades centrales –apreciación, impermanencia, karma, inutilidad del sufrimiento innecesario y libertad– son el corazón de la práctica budista cotidiana.

Si no logramos integrar estas verdades de vida a las experiencias del día a día, sentimos una suerte de vacío. Algo indefinible nos está faltando. Nuestras metas permanecen inalcanzables, nos sentimos incomprendidos. Las frustraciones, las emociones, las lágrimas, las resistencias internas y la esperanza infundada de que algún día todo esto mejorará espontáneamente, todo ello es indicio de la falta de conocimiento.

Encarnando estas cinco verdades a través de la meditación y la ejercitación, podremos acceder a la profundidad que tanto anhelamos. Nuestra vida adquirirá dimensión espiritual. A medida que estas verdades formen parte de lo que pensamos, decimos y hacemos, viviremos más armoniosamente con las cosas como son, sin arrepentimiento ni tiempo malgastado. Si estas verdades están presentes en nuestra mente, estaremos preparados para cuando la muerte nos alcance. Ellas forman un marco referencial en el que la mente se despliega hacia su intrínseca perfección. En las páginas siguientes expondré mis propias reflexiones acerca de su importancia, y para ello me basaré en mis estudios y en mi experiencia a través de estos años, cuando me propuse comprender el significado de estas enseñanzas básicas, pero profundas.

Apreciación

El camino espiritual comienza al darnos cuenta de que nuestra vida y la de todos los seres sintientes tienen valor y merece respeto. Cada ser humano tiene cuerpo, mente y la energía vital para usarlos de manera provechosa. Se puede ser feliz y ser útil a los demás de muchas maneras diferentes. El poder apreciar estas oportunidades es la clave de una existencia plena de sentido.

Nuestro cerebro y los circuitos neuroquímicos prosperan en la apreciación. La investigación científica muestra que, así como la adquisición de nuevas destrezas estimula la producción de neuronas, generar sentimientos de apreciación también incrementa la cantidad de neuronas en el cerebro. La gratitud y la apreciación fortalecen el sistema inmunológico, además de otros sistemas en el organismo. Mejora la circulación y hace que la mirada adquiera brillo. Según las enseñanzas budistas, esta vivacidad y vitalidad son nuestro patrimonio.

Como toda actitud mental, de-sarrollar la apreciación es cuestión de costumbre. Cuando estamos entrampados en pautas negativas, parece que no hay nada que apreciar: toda nuestra energía parece centrarse en los problemas. El negativismo tiene su propia lógica apremiante. Sin embargo, aun cuando no nos sintamos particularmente agradecidos, podemos aprender a despertarnos a los aspectos positivos de cualquier experiencia del momento.

Así como adquirimos pautas negativas por la repetición constante de pensamientos y sentimientos negativos, podemos desarrollar la apreciación cultivando pensamientos y sentimientos de gratitud. Todo sentimiento de apreciación, hasta el más pequeño, estimula nuestra energía y nuestro entusiasmo, y nos impulsa a avanzar. Pronto la mente se acostumbra a la energía vital de los sentimientos y los pensamientos positivos, se pone en marcha una transformación interior y nuestra inteligencia y energía asumen nuevas formas.

Podemos comenzar apreciando todo lo que aprendimos y realizamos hasta este momento. Luego, podemos apreciar las posibilidades latentes en nuestras circunstancias actuales. ¿Cuánta más sabiduría y amor somos capaces de vivenciar antes de morir? En momentos de crisis, la apreciación puede ser un potente remedio. Podemos preguntarnos: “A pesar de todos mis problemas, ¿qué hay de bueno detrás de esta situación y en mi vida?”; “¿De qué cosas estoy seguro entre tanto cambio e incertidumbre?”. Plantearse estas preguntas genera apreciación.

Buscamos soluciones al preguntarnos cosas del tipo: “¿Cómo puedo mejorar esta situación?” y escuchando la respuesta. La gratitud por la orientación que recibimos nos ayuda a entender que ninguna condición es definitiva, ningún sufrimiento es desesperanzado. Cada situación nos brinda la oportunidad de abrirnos a un conocimiento más amplio. Al profundizar la apreciación, nacen el amor y la sabiduría.

Impermanencia

Entender la impermanencia enciende nuestra pasión por explorar aun más nuestro potencial. Se considera que el hombre vive en promedio unas cuatro mil semanas. Es como si viviéramos un tiempo prestado y un reloj de arena invisible midiera los días dejando caer los granitos. ¿Cuántos días nos quedan? Cada vez nos queda menos tiempo. Estamos seguros de que vamos a morir; lo que no sabemos es cuándo ni cómo. Nuestra respiración nos une a la vida. Un día, después de haber inhalado varias veces, exhalaremos por última vez y ése será el fin de esta vida. Toda vida tiene un plazo. Todo momento –sobre todo éste– cuenta.

La impermanencia quizá sea la principal característica de la existencia humana. En nuestra vida diaria, los buenos y los malos momentos vienen y van. Los niños crecen y los adultos envejecen. La vida se perpetúa en infinitos ciclos. Todo tiene un comienzo, un centro y un final, cada comienzo contiene su propio fin y cada fin encierra la promesa de un nuevo comienzo. Nada permanece tal como es ahora: el presente no vuelve. Parte del arte de vivir es poder comenzar bien cada momento, centrar la atención, soltarse gentilmente y, luego, despedirse dándole a cada instante sus propias cualidades.

Un día que no concluyó adecuadamente proyectará los elementos no procesados al día siguiente. Quizá sea algo que descuidamos o pasamos por alto, o un sentimiento que no hemos podido sentir; cualquiera sea su forma, los elementos del día no resueltos nos acompañan como un equipaje molesto. La frustración de hoy obedece a causas que ocurrieron en el pasado; si tampoco cuestionamos nuestro desengaño, éste se convierte en otro resto de experiencia antigua que va apilándose como basura en una esquina.

Si experimentamos la transición de un día al otro con conciencia, podemos ingresar en el futuro con una mente más liviana y abierta. Al finalizar el día o una fase, podemos pasar revista a todo: recuerdos intensos, logros, arrepentimiento y remordimiento. Aceptamos lo ocurrido y, luego, lo dejamos ir. Así, la transición al día siguiente es más fácil. Ya no cargamos con el peso de relaciones tirantes o penosos recuerdos de nuestras acciones desconsideradas. Nada pesa sobre nuestra conciencia; los pensamientos culposos o la pena de sí no nos consumen. Hasta la muerte se convierte en algo para celebrar, como un nacimiento, una vida valiosa que concluye y el comienzo de algo nuevo.

Impermanencia no es un simple concepto, sino una experiencia vital. Con la práctica, mente y corazón se familiarizan con la impermanencia, y nos movemos con el cambio en lugar de resistirlo. Hay un método para ser conscientes del paso del tiempo: se trata de focalizar la conciencia en el ciclo de la respiración, centrándonos en cada inspiración y exhalación de manera neutra. A medida que nos acoplamos al ritmo de la respiración, la cualidad siempre cambiante del tiempo se vuelve inseparable de la conciencia. La apreciación por el flujo constante del tiempo pasa a ser algo natural en nuestra vida cotidiana. Consustanciados con el flujo, nos sentimos cómodos con el cambio. La impermanencia ya no es más un obstáculo o una amenaza, sino la puerta hacia el cambio positivo.

Karma

En el budismo, la conexión causa-efecto se conoce como ley del karma. Todo lo que pensamos, decimos y hacemos –o dejamos de hacer– tiene sus consecuencias. Hasta el pensamiento más fugaz, la palabra más simple, el más pequeño gesto, todo tiene sus efectos. Nuestra conducta anterior nos ha conducido a las actuales circunstancias. La tensión corporal expresa la verdad del karma, así como nuestro cuerpo guarda el registro de nuestro pasado. Si nos falta alguna cualidad en nuestra vida es porque no la introdujimos previamente; sin una causa en particular no podemos esperar el resultado correspondiente. De la misma manera, nuestras acciones en el presente determinan nuestra felicidad futura. Aunque quisiera intentarlo, nadie puede arreglarnos la vida. La gracia no nos llega de afuera, sino de nuestro interior.

Es fácil confundir karma con destino. Y decimos “Oh, ése es mi karma”, mientras suspiramos con resignación. Esta respuesta tiende a eximirnos de nuestra responsabilidad, como si dijéramos “en realidad no es mi culpa”. La raíz de la palabra karma es “kr”, que significa “hacer”, “realizar” o “llevar a cabo”. Karma se refiere a acción o motivación, y también a resultado. Si la motivación de los pensamientos es impura, será imposible lograr un resultado plenamente positivo. Una intención negativa socava el valor del ser humano y causa sufrimiento innecesario a todos; no puede producir un resultado constructivo. Sólo una actitud positiva puede, eventualmente, generar un resultado positivo.

Dado que nuestra conducta tiende a ser una mezcla de intenciones positivas y negativas, puede resultar difícil distinguir los efectos de nuestros actos. Sin embargo, si aprendemos a seguir nuestras motivaciones en sus desvíos y logramos enderezarlas una y otra vez, con el tiempo obtendremos los resultados deseados. Los actos madurarán según cómo fueron realizados. Sus resultados revelan nuestra intención. Si las cualidades del cuidado y la atención focalizada son parte de un proyecto, seguramente se manifestarán en los resultados. Nuestro buen karma se multiplicará geométricamente en la medida en que otros se beneficien de nuestra obra y que los resultados perduren. Karma positivo significa sabiduría en acción.

Sufrimiento innecesario

En un sentido la mente es neutral, tan capaz de producir felicidad como dolor. No tiene preferencias por una expresión alegre sobre una enojada, o viceversa. No obstante, es cierto que la manera en que funciona la mente –a gran escala o limitada– determina nuestra forma de vida. Si la mente genera felicidad, nuestra experiencia será positiva; si, en cambio, funciona para generar sufrimiento, nuestra experiencia será negativa. Dado que la naturaleza de la mente es neutral, es posible reducir las causas del sufrimiento y fortalecer las de la felicidad.

Un trozo de tela mojado en aceite se empapará de aceite; de la misma manera, los seres humanos asumen las características del ambiente que los rodea. Algunos aprenden desde niños a desconfiar de sus propios sentimientos y pensamientos, lo cual desemboca en alienación respecto de sí mismos y de los demás. Una vez consolidada semejante pauta de desconfianza de sí mismo, ésta tiende a moldear todas las experiencias siguientes. A cualquier edad podemos buscar validación adhiriendo a las normas y valores de otras personas, tomando las expectativas del mundo que nos rodea como la vara que usaremos para medirnos. Al no reconocer nuestro propio valor, somos incapaces de reconocer y apreciar cualidades especiales en los demás.

Los atletas luchan para sobreponerse a pautas personales que socavan su performance proponiéndose aprender de los obstáculos y aprovechar al máximo su talento. También nosotros podemos proponernos abordar los obstáculos en nuestro camino como maestros, es decir, en tanto oportunidades para fortalecer nuestros recursos mentales y de energía. Seremos más sabios reconociendo nuestros errores y aprendiendo de ellos. Nuestras frustraciones, el desamparo y la resistencia a la vida pueden convertirse en importantes fuentes de conocimiento. Observando lo que se esconde detrás de estas experiencias, podemos aprender a descifrar sus mensajes ocultos. Entonces, los contratiempos ya no lograrán desviarnos de nuestro camino porque sabemos que son una fuente invalorable de autocomprensión.

El sufrimiento ocurre en el cuerpo y en la mente, por lo tanto debemos buscar las soluciones en ambas instancias. A través de la pena y el dolor, la vida nos informa de aspectos de nuestro ser que permanecen poco desarrollados. Aunque no siempre podamos descifrar el mensaje o seamos inconscientes de gran parte del conocimiento que yace velado en nuestro interior, aun así podemos reunir la confianza necesaria para profundizar, recordando que somos responsables de nuestras propias desilusiones. En lugar de buscar un culpable afuera, podemos optar por el camino más sensato, el de examinar las causas de nuestro sufrimiento y la dinámica que lo sostiene. Una base sólida de autoconocimiento puede reemplazar gradualmente la base inestable del yo que sufre sin saber por qué. Porque nos ayuda a descubrir las condiciones que conducen a la felicidad, el sufrimiento nos muestra el camino a la libertad.

Libertad

El budismo tibetano sugiere que existen cuatro puertas que conducen a la libertad. La primera puerta tiene un cartel que dice: “Olvida el pasado”. No te aferres a aquello que te ocurrió anteriormente porque podrías perderte todo lo que la vida tiene para ofrecerte. Considera el pasado como una ciudad que has dejado atrás y atraviesa la primera puerta sin arrepentimiento. El cartel en la segunda puerta dice: “Participa en todo lo que ocurre en este momento, no te retengas”. La llave que encaja en la cerradura de esta puerta es la participación plena. Cada vez que te entregues con el alma y el corazón se abrirá la segunda puerta. Cuando no estés obsesionado con el pasado y te halles totalmente inmerso en el presente –en tu trabajo y en tu amor por la vida y por otros seres– naturalmente llegas a la tercera puerta, cuyo cartel dice: “Abandona todo sentido del yo”. En lugar de detenerte en preocupaciones egoístas centrándote en todo lo bueno que pueden procurarte tus actos –como lograr fama y fortuna–, te centras en ser y en hacer con pasión: en experiencia y vida desligada del yo. Ahora, de la manera menos pensada, te hallas frente a la cuarta y última puerta: “Despójate de toda idea de futuro”. Cuando tu mente deje de divagar por el futuro, por aquello que serás o harás más adelante, te quedarás con el ahora, y la última puerta se abrirá de par en par. Sin pasado, totalmente comprometido, liberado del yo y sin expectativas, serás libre.

Nos han condicionado a creer que los seres humanos se encuentran imposibilitados de cambiar sustancialmente. Es el conocido “Yo soy así”. Si bien a veces nos sentimos contentos, libres y seguros de nosotros mismos, no tenemos control sobre esos estados de ánimo y no podemos sostenerlos. A la larga nos sentimos frustrados al comprobar nuestra impotencia y nuestra incapacidad para manejar nuestra vida. Si no trabajamos con esa frustración, podremos terminar en un camino sin salida, confiando nuestra sed de libertad interior a un diario íntimo, o encerrándola en algún rincón privado de nuestra mente.

Hay otra manera. Cuando logramos prestar atención a nuestras emociones negativas sin la compulsión de actuarlas, la conciencia se expande y descubrimos que somos libres de elegir la cualidad de nuestras actitudes y respuestas. La conducta compulsiva cede, y los pensamientos constructivos y los actos positivos surgen con mayor facilidad y naturalidad. Ya dejamos de correr detrás de aquello que nos hace felices o de evitar lo que nos ofende. Erigimos nuestro hogar en el espacio y en el poder de la mente abierta, antes que en los límites del yo mismo. La vida es lo que hacemos de ella, y el tiempo nos ofrece oportunidades de cambiar y crecer.

La reflexión sobre estas cinco verdades –apreciación, impermanencia, karma, sufrimiento innecesario y libertad– puede encender una transformación interior que ponga fin a la punzada de la impotencia. Nos damos cuenta de que no saber cómo darles un giro positivo a nuestras emociones también es conocimiento. Sabemos que no sabemos, todavía no tenemos el conocimiento que necesitamos. Pero las respuestas no se producen a través del intelecto. Las enseñanzas budistas ofrecen el insight así como también un camino de acción para fortalecer nuestra capacidad de conocer. A nosotros nos corresponde elegirlo, y esta libertad de elección es la libertad de ser.

En el budismo, todos somos estudiantes de por vida. El proceso de desarrollar la conciencia es como tallar un diamante: la paciencia y la pericia harán aparecer las cualidades más exquisitas de la piedra. El proceso de despertar la conciencia tiene múltiples facetas, que cobran sentido y belleza con tiempo y trabajo. A medida que empezamos a entender y encarnar las cinco verdades, esperanza y temor se convierten en certeza y confianza.

Los textos clásicos del budismo se refieren a este viaje como el Camino de los Héroes. El sobreponerse a las pautas personales y culturales requiere coraje heroico y resolución. Como reza un antiguo dicho tibetano, “deberá crecer un hueso en nuestro corazón”.

* Fragmento de Vivir sin arrepentimiento. La experiencia humana a la luz del budismo tibetano (ed. Norma).