miércoles, 20 de agosto de 2008

El mundo Budista

El mundo Budista


Más de la mitad de la población mundial vive en países que han recibido una gran influencia de las ideas y prácticas budistas. Sin embargo, desde los tiempos de Buda -quinientos años antes de la aparición del cristianismo- hasta mitad del siglo XX en Occidente no se sabía casi nada acerca del budismo.

El budismo se extiende a occidente
No obstante, a mediados del siglo XX esta situación empezó a cambiar, y se dice que hoy en día el budismo es una de las religiones que con más rapidez se extiende en Occidente.
El budismo
¿qué es el budismo? Normalmente consideramos que la religión es creer en Dios, o mejor dicho, en creer en cualquiera de sus manifestaciones divinas; sin embargo, en el budismo no se habla de Dios alguno.

De esta forma la cuestión que se pregunta es si el budismo se trata de una religión o si se trata sencillamente de una filosofía -una visión particular del mundo, con pautas de comportamiento ético-, o si por el otro lado es más bien una especie de psicoterapia, una manera de comprendernos a nosotros mismos y afrontar los dilemas que la vida nos plantea. En cierto modo el budismo abarca todo esto y al mismo tiempo incluye mucho más.

Un sendero de comprensión directa
El budismo invita a reconsiderar las ideas preconcebidas sobre la religión. Se ocupa de las verdades que van más allá de lo puramente racional, revelando una visión trascendental de la realidad que en su conjunto sobrepasa todas las categorías usuales de pensamiento. El camino budista es una forma de entrenamiento espiritual que con el tiempo lleva a una comprensión directa y personal de dicha visión trascendental.

El sendero empieza desde nuestro propio potencial
Todos tenemos la capacidad de ser más despiertos, más sabios, más felices y más libres de lo que normalmente somos. Tenemos la capacidad de penetrar directamente en la esencia de la realidad, de llegar a conocer las cosas tal como son. Las enseñanzas y métodos del budismo tienen eso como un objetivo final: posibilitar la comprensión plena de nuestro propio potencial.

La expansión del budismo en el mundo
A lo largo de su larga historia, el budismo se extendió a todos los países de Asia. Allí donde aparecía, la interacción entre la cultura indígena local y las nuevas enseñanzas que provenían del Buda causaban profundos efectos en las dos. En muchos casos el budismo dio lugar a un renacimiento cultural en estas culturas a las que llegaban. En algunas situaciones, como ocurrió en el Tibet, se convirtió incluso en heraldo de la cultura. A medida que el budismo se extendía, experimentaba a su vez cambios y llegaba a adaptarse a las circunstancias culturales específicas de cada zona, esto para así poder expresar sus principios directamente. Así, actualmente distinguimos los budismos de Sri Lanka, Tailandia, Birmania, Vietnam, Camboya, Laos, Nepal, Tibet, China, Mongolia, Rusia y Japón (incluso algunos historiadores creen, a partir de recientes hallazgos arqueológicos importantes, que países de medio oriente tuvieron también en su historia un periodo budista), y dentro de estos podemos observar una amplia y desconcertante variedad de tradiciones, escuelas y subescuelas. La pregunta que surge es cuál, de entre todo este abanico, es el verdadero budismo y a su vez qué tienen en común todos estos enfoques diferentes.

El elemento común de todas las escuelas budistas
Lo que la mayoría de ellas tienen en común es su origen ancestral. Todas ellas son ramas, hojas y flores que han crecido a partir del tronco del primer budismo indio. Todas ellas contemplan la figura de Buda y aceptan y presentan sus enseñanzas originales, aunque a la vez destacan puntos diferentes.

El buda como origen de todo el budismo
Para entender los fundamentos del budismo es necesario aproximarse a Buda lo más posible. Una forma de hacerlo consiste en estudiar los primeros textos donde aparecen sus diálogos y ver qué aspectos resultan todavía relevantes para nuestra vida. Esto no quiere decir, que tengamos que rechazar interpretaciones de escuelas posteriores, si no de acercarnos al buda histórico.

Los budistas actuales son herederos de todo el budismo
Hoy en día los budistas occidentales son herederos de toda la tradición budista. Pueden admirar, respetar y hacer uso práctico tanto de los elementos del budismo Soto Zen japonés como de los del budismo Vajrayana tibetano o del Theravada tailandés.

Sin embargo para poder comprender la tradición en su conjunto hemos de volver siempre a sus raíces, a la experiencia desde donde surgió todo el budismo.

“Igual que el gran océano tiene un solo sabor, el sabor de sal. También mis enseñanzas tiene un sólo sabor, el sabor de la libertad”. Buda.

Los cinco entrenamientos éticos del budismo

Los cinco entrenamientos éticos del budismo

Todas nuestras acciones (ya sean físicas, verbales o mentales) tienen consecuencias: algunas contribuyen a la paz y al bienestar, y otras, a la insatisfacción y al malestar.


Tigre y niña en armonía Los preceptos no están escritos en piedra, son guías de comportamiento.


Idealmente deberíamos saber qué acciones resultan saludables y cuáles, perjudiciales, sin embargo, muchas veces tenemos embotada nuestra sabiduría innata y no tenemos la claridad suficiente para decidir el curso de acción que más nos conviene individual y colectivamente.


Esta falta de visión y las acciones perjudiciales que le siguen tienen profundas repercusiones tanto para nosotros mismos como para nuestra familia, nuestros seres queridos y la sociedad en general.


Así, resulta fácil entender la importancia de contar con una guía de actuación nacida de la experiencia de cientos de generaciones de practicantes, ¿no es cierto?


Los cinco preceptos (ejercicios de concienciación, guías de comportamiento, entrenamientos éticos…) que el Buda ofreció desde su amor y compasión hacia todos los seres son la quintaesencia del camino budista.


Tomar refugio en los preceptos, reflexionar sobre sus enseñanzas y llevarlos a la práctica hará que avancemos seguros y evitemos un montón de sufrimiento innecesario.


Presentamos una versión actual de los cinco preceptos ofrecida por shifu Hanyun e incluimos después una formulación clásica así como sendas explicaciones de los maestros chinos Yin-shun (1906-2005) y Sheng-yen (1930-).


Los cinco preceptos según Hanyun

1. No asesinar a ningún ser vivo;más bien procurar su bienestar.
2. No tomar lo que no ha sido dado;más bien actuar con generosidad.
3. No practicar una sexualidad irresponsable o dañina;más bien cultivar el cariño y el compromiso.
4. No pronunciar falsedades;más bien buscar la verdad y la armonía.
5. No enturbiar la mente con intoxicantes;más bien observar con claridad.








Versión clásica de los cinco preceptos



1. Abstenerse de tomar la vida.
2. Abstenerse de tomar lo que no ha sido dado.
3. Abstenerse de la conducta sexual incorrecta.
4. Abstenerse del habla incorrecta.
5. Abstenerse de bebidas alcohólicas y otras drogas que tienden a embotar la mente.


Explicación de Yin-shun sobre los cinco preceptos

Los devotos laicos (upasākas) y las devotas laicas (upāsikās) deberían guardar los cinco preceptos; se los conoce como preceptos de asistencia, que es el significado literal de upa. Tal es la virtud de los preceptos para la vida laica. La base de la virtud de los preceptos es la misma para lo bajo y para lo alto, sin embargo, aunque los preceptos de los bodhisattvas se construyen sobre esta base, son más completos y puros. Cada uno de los cinco preceptos se basa en el principio de utilizar los propios sentimientos para medir los sentimientos de los demás.

«No matar.» Ya sea que uno mate por sí mismo o envíe a otro para hacerlo (conspirar con otros para matar también es una falta), terminar con la vida de un ser sensible es matar; sin embargo, provocar la muerte sin querer no constituye una ofensa seria. Entre todas las muertes de seres sensibles, matar a seres humanos es naturalmente la ofensa más grave. Dañar a otros: con cuchillos, palos, objetos de barro, piedras…, aunque no sea una ofensa tan seria como matar, pertenece a la misma categoría.

«No robar.» Se aplica a todas las cosas: nacionales, personales, budistas…, que tienen dueño. Se rompe el precepto de no robar si se toman, ocupan por la fuerza o malversan cosas sin el consentimiento del propietario. Según el Dharma del Buda, para robar no se puede utilizar la excusa de estar hambriento, enfermo o querer proveer a padres, esposos o hijos. Todo robar es una falta.

«No implicarse en una conducta sexual inapropiada.» Si un hombre y una mujer están de acuerdo en ser esposos por medio de ritos públicamente reconocidos, con la aprobación de los guardianes y sin violar las leyes seculares, el contacto sexual entre el marido y la mujer (que es un elemento importante en la formación de la familia y la continuación de las generaciones futuras) es apropiado y no es una falta. Aun si la otra persona consiente, la conducta sexual es inapropiada para los laicos si no está permitida por el Dharma del Buda (por ejemplo, cuando uno recibe los ocho preceptos), por la ley secular o no cuenta con la aprobación de los respectivos guardianes. Los budistas devotos laicos deberían abstenerse de tales contactos, pues no solo dañan la capacidad de la otra persona para tomar decisiones sin influencias externas, sino que también constituyen una conducta maligna que destruye la armonía de las familias y perturba la sociedad.

«No hacer declaraciones falsas.» A veces se dicen cosas que no son ciertas para beneficio propio, beneficio de familiares y amigos, o para dañar al enemigo. El precepto de no mentir también se aplica a fingir que se sabe algo que no se sabe y a negar que se sabe algo que sí se sabe, a decir que hay algo cuando no lo hay y a decir que no hay algo cuando sí lo hay, y a llamar correcto a algo erróneo y viceversa. Al realizar declaraciones falsas que benefician a uno mismo y a sus parientes pero dañan a otros, se comete la ofensa grave de mentir. En otros casos de falsas declaraciones la ofensa es más ligera.

Los cuatro preceptos que hemos discutido se llaman preceptos naturales, porque esas mismas acciones son crímenes, es decir, está mal hacer esas cosas sin importar que se acepten o no los preceptos. No solo el Dharme del Buda no permite estos actos, sino que incluso las leyes seculares deberían castigar esas conductas.

«No beber alcohol.» Toda sustancia que tenga la capacidad de perturbar o confundir la mente se llama alcohol y no se debería consumir nunca. Aunque algunas personas dicen que beber alcohol es bueno para la salud, según el Dharma del Buda no tiene ningún mérito. En primer lugar, beber alcohol puede perturbar la mente y conducir a la pérdida de control. Cuando uno está borracho, no solo comete errores, sino que también dice cosas o realiza malas acciones que normalmente sería incapaz de decir o hacer. En el vinaya ‘código de disciplina’ hay una historia sobre un discípulo budista que era muy estricto en la observancia de los preceptos, pero se embriagó y cometió las cuatro ofensas graves en el mismo día: matar, robar, tener relaciones sexuales inapropiadas y mentir. Debido a situaciones como esta, se dice que beber destruye todas las virtudes. En realidad, al tomar alcohol no solo se destruyen las virtudes del Dharma del Buda, también se suelen destruir la felicidad de las familias, las amistades, los negocios y la riqueza. En segundo lugar, la perturbación y la ignorancia son la raíz de todos los crímenes y el alcohol puede provocarlas. Beber de manera habitual es un gran obstáculo para mantener la atención correcta y el conocimiento correcto. Por estar siempre borrachas, algunas personas tienen niños que nacen dementes o con un importante retraso mental. Aunque pueda parecer que beber no es tan malo, en realidad se trata de uno de los principales culpables que impiden la sabiduría y destruyen las virtudes. Por lo tanto, además de los primeros cuatro preceptos, los budistas deberían mantener seriamente el precepto de no beber para resguardar sus virtudes y avanzar hacia las enseñanzas que trascienden el mundo, las cuales tienen como base la sabiduría.



Explicación de Sheng-yen sobre los cinco preceptos

Los cinco preceptos comprenden el voto de:

1. abstenerse de tomar la vida;
2. abstenerse de robar;
3. abstenerse de relaciones sexuales dañinas o socialmente inaceptables;
4. abstenerse de mentir, y
5. abstenerse de intoxicantes.

En la tradición budista se consideran violaciones graves las cuatro primeras acciones de la lista: tomar la vida, robar, las relaciones sexuales dañinas o inaceptables y mentir. Si un monje o una monja realiza una de estas acciones, se trata de una ofensa especialmente abominable que en el vinaya ‘código de disciplina’ monástico se conoce como pārājika ‘expulsión’. Si se descubre que un monje o una monja ha cometido dicho acto, debe ser expulsado o excomulgado de la sangha ‘comunidad’ monástica. De este modo, se puede ver que estas cuatro acciones merecen una atención especial por parte de los budistas: son la base de la moralidad budista, de todo lo beneficioso y del crecimiento espiritual. El quinto acto: consentir la intoxicación, solo se considera un mal en cuanto nubla la mente y contribuye en gran medida a las otras cuatro ofensas; por ello resulta menos seria, aunque no menos crucial.

Al cometer los cuatro males fundamentales de matar, robar, implicarse en relaciones sexuales inaceptables y mentir, no solo se ejerce una violencia terrible sobre los demás, sino que se socava también el fundamento de la apertura y la confianza que es la base de todo crecimiento espiritual. Desde un punto de vista kármico, la repercusión personal de tales acciones es igualmente devastadora, pues generan mucho karma negativo que resultará en renacimientos entre los animales, los espíritus hambrientos o los infiernos purgatorios budistas. En estos reinos inferiores o turbios, las facultades mentales y espirituales se encuentran grandemente impedidas y el sufrimiento es intenso, lo que hace muy difícil generar las causas y condiciones kármicas necesarias para regresar a los reinos superiores y más difícil aún recibir las enseñanzas budistas. Por otra parte, los cinco preceptos previenen la posibilidad de esta clase de retribución dolorosa en los reinos inferiores y nos ayudan a renacer en una condición —preferiblemente como seres humanos— en la que disfrutemos de facultades agudas y circunstancias favorables para la práctica del Dharma ‘enseñanza’ budista. También nos ayudan a fomentar un entorno adecuado para nuestro bienestar colectivo y crecimiento espiritual.

Desde un planteamiento puramente humanista, los cinco preceptos describen los requisitos básicos para una sociedad humana saludable. La convivencia no sería posible si se consintieran el asesinato, el robo, el libertinaje sexual sin barreras, el engaño y la intoxicación. Reinarían la desconfianza y la violencia, y las relaciones humanas quedarían reducidas a un aislamiento total. Las acciones prohibidas por los cinco preceptos son sencillamente inaceptables si las personas queremos vivir en paz y armonía. Ajustarse a estos preceptos representa el criterio mínimo para ser considerado un ser humano decente.

Así, los cinco preceptos son la base de nuestra liberación individual y colectiva del samsāra ‘mundo de la insatisfacción’. Sin ellos, el Dharma budista no podría sobrevivir como tradición, y nosotros no podríamos trabajar en nuestro camino hacia la libertad.

Hablando figurativamente, se podría decir que hay muchos caminos que se pueden tomar en este mundo, espirituales y de otra clase. Si actuamos como un animal o un espíritu, nos convertimos en un animal o en un espíritu. Si actuamos como humanos, nos convertimos en humanos. Si actuamos como un buda, nos convertimos en un buda. Si queréis convertiros en un buda, debéis recorrer el camino de un buda. Es un asunto de dirección y elección. Los cinco preceptos son la entrada al camino de la budeidad y la base moral en la que se apoya todo progreso espiritual genuino.

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ASPECTOS FUNDAMENTALES DEL BUDISMO

ASPECTOS FUNDAMENTALES DEL BUDISMO

Venerable Walpola Rahula

Traducido al español por Alejandro Córdova
Revisado por Ronald Martínez Lahoz y Virginia Etienne


El año de 1956 marca los dos mil quinientos años del Parinirvāna del Buda y de acuerdo con una antigua tradición sostenida por millones de budistas conduciría a un período en que el Dhamma, el mensaje del Buda, se extendería a través del mundo, los gobiernos poco a poco se inclinarán hacia la justicia, y habría una incremento de la paz y la felicidad.

La profecía anterior puede que no sea más que una esperanza milenarista. Sin embargo, el Budismo tiene un mensaje muy importante para el mundo moderno. No es una fe en un dios imaginario o alguna deidad ante quien toda responsabilidad es entregada. Es fe en el ser humano. El Budismo da completa responsabilidad y dignidad al ser humano, y lo hace su propio maestro.

El Budismo es absolutamente humano. Entre todos los grandes maestros religiosos, Buda ha sido el único que no declara ser otra cosa que un ser humano. No reclamó ser un mensajero divino, y atribuyó su realización y logros al esfuerzo y la inteligencia humana.

Buda exhortaba a sus discípulos a ser refugio para sí mismos, y no buscar ayuda o refugio en algún otro lado. Enseñó, estimuló y alentó para que cada persona se desarrollara totalmente y trabajara su propia emancipación, pues a través de su propia inteligencia y esfuerzo, el ser humano posee el poder de liberarse a sí mismo de toda servidumbre. Buda dijo: "Ustedes deberán hacer el esfuerzo por sí mismos, pues los tathāgatas sólo señalan el camino."

Sería más apropiado en esta importante conmemoración (jayanti) de Buda, cuando se celebran dos mil quinientos años del Parinirvāna del Maestro, discutir algunas de sus enseñanzas esenciales, las cuales son unánimemente aceptadas por cientos de millones de sus seguidores en el mundo, en lugar de vagas generalizaciones. Debemos recordar, en primer lugar, que las enseñanzas de Buda constituyen una forma de vida que debe ser practicada y experimentada en la vida diaria, en nuestra vida social y política, aquí y ahora. Son un vasto y completo sistema de enseñanzas ético filosóficas y psicológicas basadas en un método altamente analítico y científico, el cual se dirige a los aspectos profundos de la vida humana. Son un camino que conduce, gradualmente, al ser humano a través de su propia disciplina y desarrollo moral, intelectual y espiritual, a la más alta comprensión de la verdad absoluta, la realización del Nirvāna.


Cuatro Nobles Verdades

Es difícil explicar este enorme sistema en unas pocas palabras. Pero si tomamos las Cuatro Nobles Verdades (cattāri ariyasaccāni), a saber: dukkha; samudaya, el surgimiento u origen de dukkha; nirodha, la cesación de dukkha; y magga, el camino que conduce a la cesación de dukkha, podemos, entonces, discutir brevemente todas las enseñanzas fundamentales del Budismo.

La primera verdad dukkha-ariyasacca, es traducida por casi todos los estudiosos como la Noble Verdad del Sufrimiento, y se interpreta en el sentido de que la vida, de acuerdo con el Budismo, es sólo sufrimiento y dolor. Ambas, traducción e interpretación, son insatisfactorias y erróneas. Debido a ésto, mucha gente ha considerado al Budismo pesimista. El Budismo no es ni pesimista ni optimista, sino que tiene una visión realista de la vida y del mundo, y ve las cosas objetivamente. Dice con exactitud y objetividad (yatthābhūtam) lo que uno es, lo que es el mundo, y muestra el recto camino hacia la perfecta libertad, paz, tranquilidad y felicidad.

Un médico puede exagerar la gravedad de una enfermedad y con ello eliminar también la esperanza. Otro, por ignorancia, puede declarar que no existe enfermedad y que no es necesario un tratamiento, y de esta manera engañar al paciente con un falso consuelo. Uno puede considerar al primero pesimista y al segundo optimista. Ambas son actitudes erróneas. Pero un tercer médico diagnostica los síntomas correctamente, comprende la causa y la naturaleza de la enfermedad, ve con claridad que debe ser curada y con firmeza aplica el tratamiento que salva al paciente. El Buda es como este médico. Es el médico, científico y sabio que se requiere para curar la enfermedad del mundo.

Es cierto que la palabra pāli dukkha (sánscrito duhkha) significa comunmente ‘sufrimiento’, ‘dolor’ o ‘miseria’ en oposición a la palabra sukha que significa ‘felicidad’, ‘bienestar’ o ‘tranquilidad’. Sin embargo, como Primera Noble Verdad, el concepto dukkha tiene un significado filosófico y un sentido mucho mas amplio. El concepto dukkha en la Primera Noble Verdad incluye el significado ordinario de ‘sufrimiento’, pero también incluye ideas profundas como ‘imperfección’, ‘impermanencia’, ‘vacuidad’, ‘insubstancialidad’ y ‘conflicto’. Es difícil, por lo tanto, encontrar una palabra que abarque toda la idea del concepto dukkha de la Primera Noble Verdad, así que es mejor dejarla sin traducir en vez de dar una idea errónea al traducirla como sufrimiento y dolor.

El Budismo no rechaza la felicidad en la vida. Por el contrario, admite diferentes formas de felicidad, materiales y espirituales, tanto para laicos como para monjes. Pero, todas ellas están incluidas en dukkha. Están incluídos en dukkha aun los estados espirituales más puros de dhyāna (recueillement o absorción) que se obtienen en la práctica más elevada de meditación y se encuentran libres de cualquier sombra de sufrimiento, en el sentido común de la palabra, por lo que pueden ser descritos como mera felicidad; así como también el estado de dhyāna que está libre de sensaciones, tanto placenteras (sukha) como desagradables (dukkha), y que es pura ecuanimidad y conciencia, - aun estos elevados estados espirituales estan incluidos en dukkha. No porque ellos sean sufrimiento o dolor, sino porque ellos también son condicionados (saṅkhāra), sujetos a cambio, impermanentes e insubstanciales.

La idea de dukkha puede verse desde tres aspectos: dukkha como sufrimiento ordinario o común (dukkha-dukkha); dukkha como cambio (viparināma-dukkha); y dukkha como estados condicionados (saṅkhara-dukkha) (Visuddhimagga (PTS), p. 499; Abhidarma-samuccaya, pp.36,38 (ed. Pradhan, Santiniketan, 1950).

Están incluidos en dukkha como sufrimiento ordinario (dukkha-dukkha) todo tipo de sufrimiento en la vida como el nacer, envejecer, enfermarse, morir, asociarse a condiciones desagradables, separarse de nuestros seres queridos y situaciones agradables, no conseguir lo que se desea, pena, lamento, intranquilidad y todo tipo de sufrimiento físico y mental universalmente aceptado como sufrimiento o dolor.

Un sentimiento de felicidad o una condición feliz en nuestra vida no es ni permanente ni eterna. Tarde o temprano cambiará, y cuando esto sucede, se produce un sentimiento y condición de infelicidad. Esta vicisitud se incluye en dukkha como cambio (viparināma-dukkha)

Cinco Agregados

El aspecto filosófico más importante de la Primera Noble Verdad se encuentra en la tercera forma de dukkha como estado condicionado (saṅkhāra-dukkha). Ésta requiere una explicación analítica de lo que es un ‘ser’, ‘individuo’, o ‘yo’. De acuerdo a la filosofía budista un ‘ser’, ‘individuo’, o ‘yo’ es sólo una combinación de energías físicas y mentales en constante cambio las cuales pueden dividirse en cinco agregados (pañcakkhandha). Buda afirma: "En resumen, estos cinco agregados del apego o adherencia son dukkha (saṅkhittena pañcupādānakkhandhā dukkhā). Es importante aclarar que dukkha y los cinco agregados no son dos cosas diferentes; los cinco agregados en sí mismos son dukkha. Esto se comprende mejor si tenemos una idea más clara acerca de los cinco agregados.

El primero agregado es el de la materia (rūpakkhanddha). En este concepto se incluyen los cuatro tradicionales grandes elementos (cattāri mahābhūtāni), es decir los elementos de solidez, fluidez, calor y movilidad, así como sus derivados (upādāya-rūpa). En el concepto de los ‘derivados de los cuatro elementos’ se incluyen los cinco órganos sensoriales materiales, es decir, las facultades del ojo, oído, nariz, lengua y cuerpo y sus objetos correspondientes en el mundo externo como la forma visible, sonido, olor, tacto e incluso algunos pensamientos o ideas, que son objetos de la mente. Así que todos los aspectos de la materia, interna y externa, están incluidos en el agregado de la materia.

El segundo agregado es el de las sensaciones (vedanākkhandha). En este grupo se incluyen todas las sensaciones agradables y desagradables, o las que no son ni agradables ni desagradables, y que se experimentan a través del contacto de los órganos sensoriales con el mundo externo. Estas son la sensaciones experimentadas a través del contacto del ojo con el objeto visible, el oído con los sonidos, la nariz con los olores, la lengua con el gusto, el cuerpo con los objetos tangibles y la mente (que es la sexta facultad en la filosofía budista) con los objetos mentales, pensamientos o ideas. Se incluyen en este grupo todas las sensaciones físicas y mentales.

El tercero agregado es el de la percepción (saññākkhandha). Las percepciones, al igual que las sensaciones, también se producen a través del contacto de las facultades con el mundo externo.

El cuarto agregado es el de las formaciones mentales (saṅkhārakkhandha). En este grupo se incluyen todas las actividades mentales volitivas, tanto buenas como malas, que producen efectos kámmicos, tales como atención (manasikāra), voluntad (chanda), determinación (adhimokkha), confianza (saddhā), concentración (samādhi), inteligencia o sabiduría (paññā), energía (viriya), deseo (rāga), repugnancia u odio (patigha), ignorancia (avijjā), vanidad (māna), idea de un yo (sakkāya-diṭṭhi), etc. Existen cincuenta y dos de tales actividades mentales que constituyen el agregado de formaciones mentales.

El quinto agregado de la conciencia (viññāṇakkhandha) es una reacción o respuesta que tiene como base una de las seis facultades (ojo, oído, nariz, lengua, cuerpo y mente) y como objeto un fenómeno externo. La conciencia visual, por ejemplo, tiene al ojo como su base y una forma visible como su objeto. De la misma manera acontece con la conciencia conectada con otras facultades.

Hemos visto, en forma resumida, los cinco agregados. Lo que denominamos un ‘ser’, ‘individuo’ o un ‘yo’ es sólo un nombre o una etiqueta que se da a esa combinación de cinco grupos. Todos ellos son impermanentes y constituyen un flujo momentáneo que surge y cesa. Un fenómeno desaparece y condiciona la aparición del siguiente en una serie interminable de causa y efecto. No hay substancialidad ni nada detrás de los mismos que pueda considerarse un ser (ātma) permanente, individualidad o algún ente que pueda ser llamado ‘yo’. Todos están de acuerdo en que ni la materia, sensación, percepción, alguna actividad mental, y la conciencia pueden realmente ser consideradas como un ‘yo’. Pero obtenemos la idea de que existe un ‘yo’cuando estos cinco agregados físicos y mentales, que son interdependientes, trabajan juntos y en combinación como un mecanismo psico-físiológico. Pero esto es sólo una falsa idea mental, que no es sino una de las cincuenta y dos funciones mentales del cuarto agregado que expuse con anterioridad. Esto es lo que constituye la idea de ser (sakkāya-diṭṭhi).

El conjunto de estos cinco agregados, que comunmente llamamos un ser, son en si mismos dukkha (saṅkhāradukkha). No existe ningún ser o ‘yo’ detrás de estos cinco agregados que experimente dukkha. No hay un autor inmóvil detrás del movimiento. Sólo existe el movimiento. En otras palabras, no existe pensador detrás del pensamiento. El pensamiento en sí es el pensador. Si se quita el pensamiento no hay pensador. No podemos evitar observar cómo el punto de vista budista es diametralmente opuesto a la idea del cogito cartesiano.

Lo anterior constituye la Noble Verdad de dukkha. Ésta no hace, en absoluto, la vida de un budista melancólica y sufrida como imaginan erróneamente algunas personas. Por el contrario, el verdadero budista es feliz y no sufre de miedo o angustia. Siempre está tranquilo y no se perturba o desalienta por cambios y desgracias, pues acepta las cosas tal como son. Buda nunca fue melancólico o sombrío, y sus contemporáneos siempre lo describieron como un hombre ‘siempre sonriente’ (mihitapubbaṅgama). Buda siempre es representado, en las pinturas y esculturas, con una faz feliz y serena, sin ningún rasgo de agonía o sufrimiento.

El Theragāthā yTherīgāthā, dos antiguos textos budistas , están llenos de felices y alegres expresiones de los discípulos de Buda, hombres y mujeres, que encontraron paz y felicidad en sus enseñanzas. El rey de Kosala comentó a Buda, en cierta ocasión, que a diferencia de muchos discípulos de otras religiones, cuya apariencia generalmente era demacrada, burda, pálida, emaciada y poco atractiva, los discípulos de Buda lucían ‘gozosos’, ‘regocijados’ (haṭṭhapahaṭṭha), jubilosos (udaggudagga), disfrutaban la vida religiosa (abhiratarūpa), satisfechos (pīṇitindriya), libres de ansiedad (appossukka), serenos (pannaloma), pacíficos (paradavutta) y vivían con mente de gacelas (migabhūtena cetasā), es decir, sin conflictos ni preocupaciones. El rey añadió que él consideraba que esta sana disposición se debía al hecho de que "estos venerables, ciertamente, habían comprendido el sentido completo y lo magnífico de las enseñanzas del Afortunado, etc." (Majjhima-Nikāya II (PTS), p. 121) El Budismo es, verdaderamente, opuesto a actitudes mentales melancólicas, tristes y sombrías las cuales son consideradas obstáculos para la comprensión de la Verdad. Por otra parte, es interesante recordar que el gozo (pīti) es una de las siete cualidades esenciales (bojjhaṅgas) que deben cultivarse para la realización de Nibbāna.

La Segunda Noble Verdad es el origen y surgimiento de dukkha (dukkha-samudaya-ariyasacca). Es apego, avidez y sed de deseos sensoriales (kāmataṇhā), de existencia y continuidad (bhavataṇhā), e incluso de aniquilación (vibhavataṇhā). Esta avidez, esta sed, la cual tiene la falsa idea de un ‘yo’ como su centro, es una fuerza enorme que impulsa la totalidad de la existencia. Todos estarían de acuerdo que esta avidez egoísta crea todos los males del mundo, desde los insignificantes problemas personales hasta las guerras mundiales. Pero no es fácil comprender que este deseo, basado en la falsa creencia en un ‘yo’, es la causa de toda la existencia y la continuidad del ser.

La Tercera Noble Verdad es que hay una cesación de dukkha (dukkhaniroddha-ariyasacca), la cual, generalmente, se conoce como Nibbāna (sánscrito Nirvāna). Para eliminar completamente dukkha, se tiene que eliminar la raíz de dukkha, que es la avidez. Por lo tanto, Nibbāna también es conocido con el término de ‘Extinción del deseo’ (Taṇhakkhaya). Algunas veces Nibbāna es llamado la Verdad Última o Realidad Última. Buda dijo: "Oh bhikkhus, Nibbāna que es la realidad, es la Noble Verdad Última" (Ibid., III, p. 245). En otro lugar él dice: "Oh bhikkhus, Yo les enseñaré la Verdad y el camino que conduce a la Verdad" (Samyuttanikāya IV (PTS), p. 369). Aquí Verdad significa Nibbāna.

Nibbana

¿Qué es, entonces, Nibbāna ? La única respuesta lógica, a esta pregunta muy natural, es que no existen palabras adecuadas y satisfactorias para responder, pues la pobreza del lenguaje humano no permite explicar con precisión la naturaleza real de la verdad absoluta o realidad última que es Nibbāna. Un grupo humano crea un lenguaje para expresar hechos e ideas experimentadas por sus sentidos y mente. No pertenece a esta categoría una experiencia supramundana como la de la Verdad Absoluta. Por lo tanto, no pueden existir palabras para expresar dicha experiencia. Las palabras son símbolos que representan cosas e ideas y dichos símbolos ni siquiera pueden transmitir la verdadera naturaleza de las cosas más comunes. El lenguaje se considera engañoso y erróneo en los asuntos que conciernen la comprensión de la Verdad. Es por ello que el Laṅkāvatāra-sūtra señala que la gente ignorante se atasca en las palabras como un elefante en el fango (Laṅkāvatāra- sūtra (de. Nanjio, Kyoto 1923), p.113). Esta es la razón por la cual en ciertas sectas budistas , como el zen, encontramos el uso de afirmaciones paradójicas y aun extravagantes cuyo propósito es alejar a la persona del apego a las palabras.

No obstante, no podemos prescindir del uso del lenguaje. Pero si explicamos y expresamos a Nibbāna en términos positivos podemos aprehender de inmediato una idea asociada con dichos conceptos, que, ciertamente, puede significar lo opuesto. Es por ello que, generalmente, se explica o expresa en términos negativos. Esto puede ser menos arriesgado. Por lo tanto, se usan términos negativos como taṇhākkhaya ‘extinción de la avidez o deseo’, Virāgā ‘ausencia de deseo’, Nirodha ‘cesación’, Nibbāna ‘apagarse’ o ‘extinguirse’. Incluso es expresado como ‘extinción del deseo, el odio y la ignorancia’ (Samyutta-nikāya IV (PTS), p.359).

Refiriéndose a este estado Buda dice:

"¡Oh bhikkhus, hay un estado de no-nacido, no-producido, incondicionado y no-agregado. Pues si no existiera lo no-nacido, no-producido, incondicionado y no-agregado, no habría escape para lo nacido, producido, condicionado y agregado. Pero puesto que existe lo no-nacido, no-producido, incondicionado y no-agregado hay liberación para lo nacido, producido, condicionado y agregado"
(Udāna, p. 129, Colombo 1929).

"Aquí no tienen lugar los cuatro elementos de solidez, fluidez, calor y movilidad; están completamente destruídas las nociones de largo y ancho, sutil y grosero, bueno y malo, nombre y forma; tampoco se encuentran este mundo ni el otro, ni venir, ir o pararse, ni morir o nacer, u objetos sensoriales"
(Digha-n I, p. 172, Colombo 1929; Udāna, p. 129, Colombo 1929).

Debido a esta forma negativa de expresar Nibbāna muchos han concluido erróneamente que significa un aniquilamiento negativo, una reducción a la nada. Un concepto negativo no necesariamente indica un estado negativo. Algunas veces conceptos negativos representan las más altas concepciones y valores positivos. Por ejemplo, la palabra inmortalidad (Amata), que también es un sinónimo de Nibbāna, es negativa pero representa un estado positivo. La palabra pāli o sánscrita para salud ārogya es un concepto negativo que literalmente significa ‘ausencia de enfermedad’. Pero, ciertamente, ārogya ‘salud’ no denota un estado negativo. La negación de valores negativos no indica un estado negativo. Por el contrario, puede indicar un estado positivo puro que no puede ser expresado en forma adecuada en términos positivos, como es el caso de los conceptos de ‘inmortalidad’ y ‘ārogya’.

De este tipo o clase son los términos negativos que se usan para indicar el estado de realidad última que es Nibbāna. Uno de los más conocidos sinónimos para expresar Nibbāna es ‘Libertad’ (mutti, sánscrito mukti). Nadie osaría decir que la libertad es algo negativo. Pero aun la libertad tiene un lado negativo, pues ésta siempre significa liberarse de algo que obstruye, que es malo y negativo. Sin embargo, la libertad no es negativa. Así también es Nibbāna, liberación absoluta (vimutti), libertad de todo mal, avidez, odio e ignorancia; libertad de todas las condiciones de relatividad, tiempo y espacio.

Nibbāna está más allá de la lógica y el razonamiento (atakkāvacara). Por mucho que, en inútil pasatiempo intelectual, nos enfrasquemos en discusiones altamente especulativas sobre Nibbāna o la Verdad o Realidad Ültima, nunca lo comprenderemos de esta manera. Un niño en sus primeros años de escuela no debería batallar discutiendo acerca de la teoría de la relatividad. Pero si continúa estudiando paciente y diligentemente, un día la comprenderá. El Nibbāna es ‘para ser comprendido por los sabios dentro de ellos mismos’ (paccattam veditabbo viññūhi). Algún día lo comprenderemos, sin requerir palabras misteriosas, altisonantes o grandiosas, si seguimos el sendero diligentemente, entrenándonos y purificándonos con entusiasmo, y alcanzando el desarrollo espiritual necesario.

Noble Óctuple Sendero

La Cuarta Noble Verdad es el sendero que conduce a la cesación de dukkha (dukkhanirodhagāminīpaṭipadā-ariyasacca). Esta también se conoce como el ‘Camino medio’ (Majjhimā patipada), porque evita los dos extremos: uno es la búsqueda de la felicidad a través del afecto y apego a los placeres de los sentidos el cual es bajo, común, sin provecho y es el camino de la gente ordinaria; el otro es la dedicación a la automortificación en sus diferentes formas de ascetismo, la cual es dolorosa, sin valor y sin provecho. Evitando estos dos extremos Buda descubrió el Camino medio, ‘el cual da visión, conocimiento y conduce a la tranquilidad, visión penetrante, iluminación, Nibbāna’. Este Camino medio, generalmente, se considera como el Noble Óctuple Sendero (Ariya-Atthaṇgikamagga), por que se compone de ocho elementos, a saber: Recto Entendimiento (sammādiṭṭhi); Recto Pensamiento, (sammāsaṅkappa); Recto Lenguaje (sammāvācā); Recta Acción (sammākammanta); Recto Medios de Vida (sammāājīva); Recto Esfuerzo (sammāvāyāma); Recta Atención (sammāsati); Recta Concentración (sammāsamādhi).

En lugar de definir estos ocho elementos uno después de otro, será mucho más útil para una comprensión correcta de este camino, si se explican de acuerdo con las tres ideas del entrenamiento y disciplina budista (tisikkhā): conducta ética (sīla); disciplina mental (samādhi); y sabiduría (paññā).

Subyace a la conducta ética la amplia concepción de amor y compasión por todos lo seres vivientes, que sirve de base a la enseñanza de Buda. Es un lamentable y grave error que muchos estudiosos olvidan este gran ideal de la enseñanza de Buda, y sólo discuten árida filosofía y metafísica cuando escriben y hablan sobre Budismo. Buda ofreció su enseñanza "partiendo de su compasión por el mundo, para el bienestar y felicidad de la mayoría" (bahujanahitāya bahujanasukhāya lokānukampāya).

Para que un ser humano sea perfecto, de acuerdo al Budismo, debe desarrollar igualmente dos cualidades: compasión (karuṇā) y sabiduría (paññā). Aquí compasión significa amor, amabilidad, tolerancia, es decir, nobles cualidades del área afectiva y del corazón, mientras que la sabiduría representa el aspecto intelectual o cualidades del cerebro. Si desarrolla el aspecto emocional sin cuidar el intelectual puede llegar a ser un tonto bien intencionado, mientras que si desarrolla sólo el aspecto intelectual sin cuidar el emocional, puede llegar a ser un intelectual de corazón duro, sin sentimientos hacia los demás. Por lo tanto para ser perfecto debe desarrollar ambos aspectos igualmente bien. Esta es la meta de la forma de vida budista. Por esta razón un buen budista, al mismo tiempo que entiende las cosas tal como son con inteligencia y sabiaduría, está lleno de amor y compasión hacia todos los seres sintientes. De hecho, la compasión y la sabiduría están íntimamente ligadas a la forma budista de vida.

Así que en la idea de conducta ética (sīla) basada en el amor y la compasión, tal y como acabamos de explicar, se incluyen tres factores del Noble Óctuple Sendero, es decir: Recto Lenguaje, Recta Acción y Recto Medios de Vida.

Recto Lenguaje significa hablar sólo la verdad y no mentir, decir sólo palabras que promuevan amor, amistad, unidad y armonía entre los individuos y los grupos de personas y no decir cosas que promuevan odio, enemistad, desunión y discordia entre las personas. Debe usar palabras agradables y amables y nunca palabras rudas, descorteces e insultantes que puedan causar dolor. Sólo debe usar palabras útiles, provechosas y significativas y no invertir el tiempo en palabrería vana y frívola.

Recta Acción significa, a la vez, que uno se abstiene de destruir seres vivos, robar y relaciones sexuales incorrectas, y que debe ayudar a otros a llevar una vida recta y feliz.

Recto Medio de Vida significa que uno debe abstenerse del ejercicio de oficios y profesiones que producen daño a otros, tales como el comercio de armas, bebidas intoxicantes, venenos, matar animales, fraudes, etc., y debe vivir de profesiones u oficios que no producen daño. Es muy claro que el Budismo está en contra de la guerra, pues rechaza el comercio de armas como un medio de vida malvado e injusto.

Estos tres elementos (Recto Lenguaje, Recta Acción y Recto Medios de Vida) del Noble Óctuple Sendero constituyen la conducta ética sin la cual no es posible desarrollar una vida espiritual superior. Debemos comprender que la conducta moral budista es una vida feliz y armoniosa, tanto individual como socialmente.

Luego sigue la disciplina mental en la cual se incluyen los tres otros factores del Sendero Óctuple: Recto Esfuerzo, Recta Atención y Recta Concentración. El Recto Esfuerzo es la enérgica voluntad para evitar el mal y los rasgos insanos aún no presentes; para liberarse del mal y rasgos insanos presentes; para producir que surjan rasgos sanos aún no presentes; y para desarrollar, aumentar, y perfeccionar rasgos sanos, los cuales están presentes.

La Recta Atención (o conciencia) es estar conciente y atento al cuerpo (kāya), sensaciones (vedāna), mente (citta), ideas u objetos mentales (dhamma). Uno de los ejercicios muy conocidos para el desarrollo mental, conectado al cuerpo, es la práctica de la atención en la respiración (ānāpānasati). Existen otras formas para el desarrollo de la atención relacionadas con el cuerpo. En cuanto a las sensaciones se debe estar muy conciente de todas las formas de sansaciones que surgen y cesan. En cuanto a la mente se debe estar conciente si hay o no lujuria, está llena o no de odio, confundida o no, distraída o concentrada, etc. Esta es la manera de estar conciente de los movimientos de la mente, su surgir y cesar. En cuanto a las ideas y objetos mentales se debe conocer su naturaleza, cómo surgen y cesan, desarrollan, reprimen y destruyen, etc. En el Satipaṭṭihāna-sutta se atienden en detalle estas cuatro formas de meditación.

La Recta Concentración que conduce a las cuatro dhyānas (absorción, recueillements ) es el tercer y último factor de la disciplina mental. En el primer estado de dhyāna, se descartan las pasiones y los pensamientos impuros, conservándose sensaciones de gozo y fdelicidad conjuntamente con ciertas actividades mentales. En la segunda dhyāna se suprimen todas las actividades intelectuales, se desarrolla tranquilidad y una mente concentrada, manteniéndose las sensaciones de gozo y felicidad. En el tercer estado, las sensaciones de gozo también desaparecen mientras que la felicidad aún se conserva, además de atención ecuánime. En la cuarta dhyāna, son suprimidas todas las sensaciones de felicidad e infelicidad, gozo y dolor, quedando sólo pura ecuanimidad y atención completa.

Así que la mente es entrenada y disciplinada mediante Recto Esfuerzo, Recta Atención y Recta Concentración. Constituyen sabiduría (paññā) los dos restantes factores: Recto Pensamiento y Recto Entendimiento.

El Recto Pensamiento (sammāsaṅkappa) se refiere a pensamientos de renunciación desinteresada o desapego, amor por todos los seres y no violencia. Observamos que los pensamientos de desapego desinteresado, amor y no violencia están agrupados en el rubro de sabiduría, lo cual demuestra que la verdadera sabiduría budista está dotada de estas nobles carácterísticas, y que todo pensamiento de apego egoista, mala voluntad, odio, y crueldad son producto de la ausencia de sabiduría en todas las esferas de la vida, ya sea individual, social o política.

El Recto Entendimiento es comprender las cosas como son, y las Cuatro Nobles Verdades explican las cosas como realmente son. Por lo tano, el Recto Entendimiento se reduce, en última instancia, a comprender las Cuatro Nobles Verdades. Este entendimiento es la sabiduría superior que ve la Realidad Última. De acuerdo al Budismo existen dos clases de entendimiento. Al que generalmente llamamos entendimiento es el conocimiento, memoria, o comprensión intelectual de acuerdo a cierta información dada. Esto se llama ‘conocer condicionadamente o conocer en la forma correspondiente’ (anubodha). Este no es un conocimiento muy profundo. El entendimeinto verdaderamente profundo se conoce como ‘penetrante’ (pativedha). Esta penetración sólo es posible cuando la mente está libre de todas las impurezas y completmente desarrollada mediante la meditación.

Esto es, en forma breve, lo esencial de los fundamentos de la filosofía y forma de vida budista, la base de una gran cultura universal.

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Código: FDD 010
Título: Aspectos Fundamentales del Budismo
Autor: Walpola Rahula
Original: Fundamentals of Buddhism-ensayo del libro Zen and Taming of the Bull
Traductor: Alejandro Córdova C.
Fecha: 1996
Fuentes: TimesPali (traspasado a Unicode)
Reproducción de la traducción española con permiso del Venerable Piyananda (1997)


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* Walpola Rahula. Traducción al español por Alejandro Córdova. Revisado por Ronald Martínez-Lahoz y Virginia Etienne. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Última revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana. Este documento requiere la fuente Times Pali.


Prácticas Budistas

Prácticas Budistas

Un sin número de prácticas
Existen muchos tipos de prácticas dentro de la tradición budista. Se podría decir sin exagerar que todo el budismo consiste en prácticas más que en creencias. El concepto de ortopraxia es la forma de definir lo que une a los budistas en comunidad, lo que los une es el espíritu de la práctica.

Una división de práctica antigua
Para hablar de prácticas existe en el budismo antiguo la división clásica del sendero en: ética, meditación y sabiduría.

Practicas éticas
En el budismo existen prácticas éticas como la de los cinco preceptos o la de la generosidad o las practicas monacales como las que describen los textos del Vinaya.


Prácticas meditacionales
En lo que concierne a meditación existen tantos diferentes métodos como “arena tiene del río Ganges”. Sin embargo todos estos diferentes métodos se pueden agrupar en dos: Samatha; que son las meditaciones que llevan a desarrollar la calidad de concentración, foco, integración. A estas cualidades se le suman la serenidad y tranquilidad. Por el otro lado están las meditaciones de tipo Vipassana; estos sin las meditaciones que llevan a visión clara, percatamiento o In-sight. Estos métodos llevan a una aprehensión completa de la naturaleza de las cosas, llevando a un vuelco desde lo más profundo de la conciencia desde donde podemos entender lo que las cosas son.

Prácticas de sabiduría
En el budismo también existen prácticas de contemplación y de análisis desde las cuales se cultiva una perspectiva correcta de la naturaleza de las cosas. Para llevar a cabo esto se dice que ahy tres formas de profundizar este proceso: una es desarrollar sabiduría a través de escuchar que implica estar receptivo no solo de la forma en que personas mas sabias comunican la visión de las cosas si no estar receptivos a nuestro entorno y a nosotros mismos.

El segundo es sabiduría a través de la reflexión en este nivel tratamos de profundizar aquello que ya escuchamos o aquello con lo que estamos en contacto a través de compararlo con la forma en que nosotros entendemos las cosas para llegar a una síntesis que nos permitan comprender profundamente.

El ultimo nivel de desarrollo de sabiduría es a través de de meditar por este nivel se debe comprender las practicas formales que la tradición a desarrollado para llevarnos al percatamiento o la visión cabal, este es el nivel mas profundo de sabiduría y lleva al practicante a la experiencia ultima de las cosas.

Practicas devocionales
Existen a su vez en el budismo prácticas devocionales. Estas pueden incluir desde algo sencillo como inclinarse ante la imagen de un buda hasta largas liturgias dedicadas a venerar a los budas y boddhisattvas. Para el budismo esta forma de contemplación devocional es parte del cultivo de emoción perfecta que permite involucrar todas las partes del individuo hacia el objetivo de la iluminación.

Practicas del budismo Mahayana
El ideal de la iluminación experimento un cambio y una reexpresión en el budismo tardío llamado Mahayana. En el budismo temprano el énfasis que había para llegar a la iluminación consistía en practicas que llevaran al individuo a una liberación total de cualquier condicionamiento, ignorancia o pasión que lo esclavizara y no le permitiera experimentar libertad trascendental, para el budismo Mahayana el ideal de la iluminación se encarnaba.

Por ultimo se debe de notar que en el budismo tardío (Mahayana) el ideal de la iluminación tiene un constituyente altruista en el cual aquellos que se comprometen a alcanzar “la Iluminación lo hacen en el beneficio de todos los seres” Y dentro de este anhelo el mejorar las condiciones del mundo entero para ayudar a otros a alcanzar el mas alto ideal se vuelve una práctica. Es decir toda forma de ayuda a otros todo acto que beneficie al mundo se convierte en una práctica.

El Buda el hombre que despertó a la realidad

El Buda el hombre que despertó a la realidad

¿Qué es un buda?
Buda es una palabra sánscrita que significa “el que despertó”. Éste es el término que se le asigna al fundador del budismo. Él no era un dios ni era un profeta ni un mesías. El Buda nació como un ser humano normal que, a través de su esfuerzo, alcanzó un estado de perfecta sabiduría y completa sensibilidad hacia todo lo que existe. Dicho en otras palabras, él despertó a su propio potencial y a la naturaleza verdadera del mundo que le rodeaba.

A este estado tradicionalmente se le denomina “Iluminación” y es la esencia de la enseñanza budista. Todas sus doctrinas y prácticas están hechas para ayudar al ser humano, hombre o mujer, a llegar a su propio potencial de Iluminación.

Desde los tiempos del Buda muchos otros hombres y mujeres también han alcanzado el estado de iluminación, sin embargo, el título de “el Buda” se reserva generalmente para el pionero, Siddharta Gautama, el hombre que descubrió el sendero a la iluminación y que indicó el camino para que otros lo siguieran.

Niño Rico Insatisfecho
Siddhartha Gautama nació alrededor del año 560 AEC (antes de la Era Común) en una familia aristócrata y próspera del clan shakya, en lo que ahora es Nepal, al norte de la India. Algunas tradiciones indican que su padre era el rey de los shakyas y, aunque quizás esto no sea cierto, desde un punto de vista histórico parece ser verdad que en su niñez y juventud Siddhartha tuviera una vida de opulencia. Probablemente era una existencia de lujos sin muchos límites: manjares, ropa elegante y muchos sirvientes, lo cual, en el contexto de la India de los Himalayas de ese entonces, era semejante a un paraíso terrenal. A pesar de todo él no era feliz. Los placeres que lo rodeaban solo servían para que contactara con la insatisfacción y para provocarle un intenso deseo de encontrar algo que tuviera un sentido más profundo.

Paralelos actuales con la vida temprana de Siddhartha
Esto puede resultarle familiar a muchas personas en Occidente, donde las necesidades materiales son satisfechas de una manera relativamente fácil y donde las oportunidades para el ocio y la diversión serían la envidia de generaciones anteriores. No obstante, si observamos la cara de la gente que encontramos por las calles de cualquier ciudad occidental nos daremos cuenta que esta prosperidad no trae la felicidad automáticamente. Como Siddhartha, muchos de nosotros descubrimos que una vida dedicada sólo a satisfacer deseos materiales es vacía y poco satisfactoria.

La renuncia
La insatisfacción que sentía Siddhartha en su vida de lujo alcanzó un límite. A los veintinueve años decidió dejar su hogar familiar y su vida de comodidades para convertirse en errante en busca de la verdad, llevándose consigo únicamente su tazón para mendigar y unos sencillos hábitos.

El fermento religioso de la India antigua
El mundo al que salió Siddhartha era bastante primitivo, comparado con nuestro mundo actual, sin embargo era mucho más rico, en un sentido filosófico y espiritual, que el mundo moderno occidental. Las escrituras budistas tempranas dan la impresión de que había una sociedad con un profundo interés por las cuestiones fundamentales de la existencia. Había un gran número de maestros de meditación, abundaban las escuelas de filosofía y los debates religiosos eran una especie de deporte popular con un muchos espectadores. Esto no sólo pasaba en India sino en Grecia, China, Persia y en Medio Oriente. A este fermento tan concentrado de genio humano en el mundo se le ha llamado la Era Axial. Dentro de esta atmósfera, Siddhartha anduvo errante seis años, meditando y aprendiendo de los más famosos maestros del norte de la India, con una admirable determinación por encontrar lo que sentía que le había faltado en su vida anterior.

Las austeridades de Siddhartha
Por un tiempo dedicó su vida a un ascetismo extremo, dejando de comer y dormir con la esperanza de que esto le ayudara a alcanzar la verdad. Entonces, se dio cuenta de que no resultaba de utilidad para su práctica espiritual maltratar al cuerpo y, dándole la espalda al ascetismo, se dedicó de corazón a la meditación.

Su iluminación
Después de un esfuerzo continuo, una noche de luna llena del mes Vesakha, en el año 528 AEC, Siddhartha Gautama se sentó a meditar al pie de una higuera a la orilla del rió Niranjana, sitio que ahora se conoce con el nombre de Bodh-Gaya y juró que no se levantaría sin haber encontrado lo que buscaba.

En ese momento su determinación era invencible. Entró en un estado de meditación profunda y, mientras transcurría la noche, su conciencia iba penetrando capas cada vez más profundas de la naturaleza de la realidad, hasta que alcanzó una percepción directa y total de la verdad. Para cuando se vio ascender en el horizonte la estrella de la mañana, él había alcanzado una liberación que era inquebrantable. Siddhartha Gautama se había convertido en el Buda, el que había despertado por completo.

Los tres niveles de la Iluminación
La tradición budista de todas las escuelas habla de la iluminación como una experiencia compuesta de tres factores. Para empezar se habla de la iluminación como un estado de conciencia clara y pura -e incluso radiante-. En este estado de conciencia deja de experimentarse la dualidad sujeto-objeto. Sin embargo, ésta es una conciencia de las cosas como realmente son.

En segundo lugar, pero de igual importancia, se dice que la iluminación es un intenso estado de compasión y amor profundo que se desborda, no únicamente hacia los seres humanos sino hacia todos los seres vivientes; todos los seres que respiran, los que se mueven, los que sienten. Así es como siente la mente iluminada.

En tercer lugar, la Iluminación consiste en un estado o una experiencia de una energía mental y espiritual inagotable. Se puede decir que el estado de la Iluminación es un estado de una energía que se encuentra burbujeando continuamente; un estado de espontaneidad y creatividad absolutas e ininterrumpidas.

Esto es lo que quiere darse a entender por medio del término “Iluminación”, como se expresa en la tradición budista. Lo que sucede realmente es que el conocimiento se convierte en amor y la compasión en energía. La energía a su vez se convierte en sabiduría. Lo cierto es que no podemos separar ningún aspecto de los demás.

La enseñanza del Buda
La tradición budista en su totalidad existe para ayudar a otros a llegar al mismo tipo de despertar y de liberación. A esta enseñanza, en Occidente, se le conoce como budismo y fue la influencia religiosa más importante que tuvo la India durante los siguientes 1,500 años de su historia, después de la vida de Siddhartha Gautama.

Meditación en la respiración

ĀNĀPĀNASATI: MEDITACIÓN EN LA RESPIRACIÓN
Ven. Mahathera Nauyane Ariyadhamma

Traducción por Gloria Ávila

Homenaje al Bendito, al Arahant y al Totalmente Iluminado

Ānāpāna-sati, la meditación en la respiración (inhalación y exhalación), es el primer tipo de meditación expuesta por el Buddha en el Mahā Satipaṭṭhāna Sutta, el Gran Discurso de los Fundamentos de la Atención. El Buddha puso especial énfasis a esta meditación, ya que es la puerta de entrada a la iluminación y al Nibbāna; y porque ha sido adoptada por todos los Buddhas del pasado como la base principal de su logro de la Buddheidad. Cuando el Bendito se sentó al pie del Árbol del Bodhi y resolvió no levantarse de ahí hasta que alcanzara la iluminación, tomó el ānāpāna-sati como su objeto de meditación. Sobre esta base, alcanzó las cuatro absorciones (jhānas), recordó sus vidas previas, desentrañó la naturaleza del saṃsāra, experimentó los sucesivos conocimientos introspectivos y, en el atardecer, mientras temblaban los 100,000 universos, alcanzó la sabiduría ilimitada de un Buddha Totalmente Iluminado.

Ofrezcamos, entonces, nuestra veneración al Bendito, ese alguien que llegó a ser un Buddha incomparable trascendiendo al mundo a través de esta meditación ānāpāna-sati. Comprendamos completamente este tipo de meditación, con sabiduría tan resplandeciente como el sol y la luna. Y que a través de su poder logremos la bendita paz del Nibbāna.



El texto básico
Examinemos primero el significado del texto expuesto por el Buddha acerca del ānāpāna-sati. El texto comienza:

"Aquí, monjes, un monje que se ha ido al bosque, o al pie de un árbol, o a un lugar vacío, se sienta con las piernas cruzadas, sosteniendo erecta su espalda, haciendo emerger la atención plena frente a él."

Esto significa que cualquier persona que pertenezca a uno de los cuatro tipos de individuos mencionados en esta enseñanza - es decir, bhikkhu (monje), bhikkhùni (monja), upāsaka (laico), o upāsikā (laica) - deseoso de practicar esta meditación, debe ir ya sea a un bosque, al pie de un árbol apartado, o a una morada solitaria. Ahí deberá sentarse con las piernas cruzadas, manteniendo su cuerpo en posición erecta, fija su atención plena en la punta de su nariz, el lugar de su objeto de meditación.

Si hace una inhalación prolongada, deberá comprender tal acto con plena atención. Si hace una exhalación prolongada, deberá comprender tal acto con plena atención. Si toma una inhalación corta, deberá comprenderlo con plena atención, si hace una exhalación corta, deberá comprenderlo con plena atención.

"Inhala experimentando el cuerpo en su totalidad, exhala experimentando el cuerpo en su totalidad"; esto es, con atención bien situada, ve el principio, el medio y el final de las dos fases, la inhalación y la exhalación. Conforme practica la observación de la inhalación y exhalación con atención, se calmarán y tranquilizarán las dos funciones de inhalación y exhalación.

El Buddha ilustra esto con un símil. Cuando un hábil tornero o su aprendiz trabajan un objeto en su taller, atienden a su labor con atención fija: al hacer un giro largo o uno corto, saben que están haciendo un giro largo o uno corto. De la misma manera, si el practicante de meditación inhala largamente lo comprende como tal; y si exhala largamente, lo comprende como tal; si hace una inhalación corta, lo comprende como tal y si su exhalación es corta, lo comprende como tal. Ejercita su atención de tal forma que ve el principio, el medio y el final de estas dos funciones de inhalación y exhalación. Comprende con sabiduría la tranquilización de estos dos aspectos, de la inhalación y la exhalación.

De esta forma, él comprende las dos funciones de la inhalación y la exhalación en él mismo, y las dos funciones de la inhalación y exhalación en otras personas. También comprende las dos funciones de la inhalación y exhalación en él mismo y en los otros en rápida alternación. Comprende también la causa del surgimiento de la inhalación y la exhalación y la causa de la cesación de la inhalación y la exhalación, y el momento a momento del surgimiento y la cesación de la inhalación y la exhalación.

Se da cuenta entonces de que su cuerpo, el cual ejercita las dos funciones de inhalación y exhalación, es únicamente un cuerpo, no un ego o "Yo". Esta atención plena y sabiduría son útiles para desarrollar una mejor y más profunda atención y sabiduría, capacitándolo para descartar las concepciones erróneas de las cosas en términos de "Yo" y "mío". Entonces, llega a estar capacitado para la vida con sabiduría respecto a este cuerpo y no se aferra a nada en el mundo con avidez, engreimiento o visión errónea. Viviendo sin apego, el meditador recorre el camino hacia Nibbāna a través de la contemplación de la naturaleza del cuerpo.

Esta es una paráfrasis amplificada del pasaje del Mahā Satipaṭṭhāna Sutta sobre el ānāpāna-sati. Esta meditación ha sido explicada en dieciséis formas distintas en varios suttas. De estas dieciséis, el primer grupo de cuatro ha sido explicado aquí. Pero estas cuatro son los fundamentos de las dieciséis formas en las que puede practicarse el ānāpāna-sati.

Los preliminares de la práctica
Ahora debemos investigar las etapas preliminares de la práctica de esta meditación. En primer lugar, el Buddha indicó una morada apartada para practicar el ānāpāna-sati. En el sutta ha mencionado tres lugares; el bosque, el pie de un árbol, o un lugar vacío. Este puede ser una tranquila cabaña, o un lugar de habitación libre de la presencia de otras personas. Hasta podemos considerar a una sala de meditación como un lugar vacío. Aunque puede haber una gran cantidad de personas en dicho lugar, si cada uno permanece quieto y callado puede considerársele un lugar vacío.

El Buddha recomendó un lugar así por la razón de que, para practicar el ānāpāna-sati, el silencio es un factor esencial. Un meditador principiante encontrará más fácil desarrollar su concentración mental en la respiración sólo si hay silencio. Aún si uno no pudiera encontrar el silencio completo, se debería elegir un lugar tranquilo en donde se pueda disfrutar de privacidad.

Luego, el Buddha explicó la posición de sentado. Hay cuatro posturas que pueden adoptarse para la meditación: de pie, sentado, acostado y caminando. De estas la postura más adecuada para la práctica del ānāpāna-sati al principio, es la postura sentada.

La persona que desee practicar el ānāpāna-sati debe sentarse con las piernas cruzadas. Para los bhikkhus y hombres laicos, el Buddha ha recomendado la posición de piernas cruzadas. Ésta no es una postura fácil para todos, pero puede dominarse gradualmente. La posición media de piernas cruzadas se ha recomendado para bhikkhùnis y mujeres laicas. Esta es la postura de sentado con una pierna doblada. Será muy benéfica si la postura de piernas cruzadas recomendada para bhikkhus y hombres laicos pudiera adoptarse en la posición de "loto" con los pies volteados hacia arriba y descansándolos en los muslos opuestos. Si esto es inconveniente, uno puede sentarse con ambos pies recogidos debajo del cuerpo.

En la práctica del ānāpāna-sati, es imperativo sostener el cuerpo derecho. El torso debe mantenerse erecto, pero no tirante ni rígido. Uno puede cultivar esta meditación adecuadamente sólo si todos los huesos de la espina están alineados en una posición erecta. Por lo tanto, este consejo del Buddha de mantener erecta la parte superior del cuerpo debe ser comprendida y seguida claramente.

Las manos deben colocarse suavemente en el regazo, el dorso de la mano derecha sobre la palma de la mano izquierda. Los ojos pueden estar cerrados suavemente o semi-cerrados, lo que resulte más cómodo. La cabeza debe sostenerse derecha, inclinada ligeramente en ángulo hacia abajo, la nariz perpendicular al ombligo.

El siguiente factor es el lugar para fijar la atención. Para cultivar el ānāpāna-sati uno debe estar claramente atento al lugar en el que el aire entra y sale tocando las fosas nasales. Esto se sentirá como un punto debajo de las fosas nasales o sobre el labio superior, en donde se presente el contacto del aire al entrar y salir de las fosas nasales, en el que pueda sentirse con mayor precisión. En ese punto, deberá fijarse la atención, como un centinela que observa una puerta.

Luego, el Buddha explica la manera en la que deberá cultivarse el ānāpāna-sati. Uno inhala atentamente, exhala atentamente. Desde el nacimiento hasta la muerte, esta función de inhalación y exhalación continúa sin detenerse, sin una pausa, pero porque no reflexionamos conscientemente en ello, ni siquiera nos damos cuenta de la presencia de esta respiración. Si lo hacemos, podemos obtener mucho beneficio por medio de la calma y la introspección. Por lo tanto, el Buddha nos ha aconsejado que estemos atentos a la función de la respiración.

El practicante de meditación que observa conscientemente la respiración de esta manera, no debe tratar nunca de controlar su respiración o retener su respiración con esfuerzo. Ya que si controla o retiene su respiración con esfuerzo consciente, se fatigará y su concentración mental se verá afectada e interrumpida. La clave de la práctica es fijar la atención de forma natural en el punto en donde se siente que entran y salen las inhalaciones y exhalaciones. Entonces, el meditador tiene que mantener su atención en la sensación de contacto del aire en las fosas nasales, manteniendo la atención tan continua y consistente como sea posible.



Los ocho pasos
Para ayudar a que los practicantes desarrollen esta meditación, los comentadores y maestros de meditación han indicado ocho pasos progresivos en la práctica. Estos ocho pasos serán enumerados primero, y luego, explicados en relación con el proceso meditativo real.

Los nombres de los ocho pasos son: conteo (gaṇanā); seguimiento (anubandhana); contacto (phusana); fijación (ṭhapana); observación (sallakkhaṇa); alejamiento (vivaṭṭana), purificación (parisuddhi); y retrospección (paṭipassanā). Los ocho cubren el curso completo del desarrollo meditativo hasta alcanzar el estado de Arahat.

(i) Conteo (gaṇanā)

El conteo se indica para aquellas personas que nunca antes han practicado ānāpāna-sati. No es necesario para quienes han practicado meditación durante un período considerable de tiempo. Sin embargo, como es necesario tener un conocimiento de esto, el conteo debe entenderse de la siguiente manera.

Cuando un meditador se sienta a meditar, fija su atención en la punta de su nariz y atiende conscientemente a la secuencia de inhalación y exhalación. Nota mientras el aire entra, y nota cuando sale, tocando nuevamente la punta de su nariz o el labio superior. En este momento empieza a contar estos movimientos.

Hay cuatro métodos de conteo. El más fácil se explica así: La primera inhalación-exhalación que se siente se cuenta "uno, uno"; la segunda "dos, dos"; la tercera "tres, tres"; la cuarta "cuatro, cuatro", la quinta "cinco, cinco", y así hasta la décima inhalación que se cuenta "diez, diez". Luego vuelve a "uno, uno" y continúa hasta "diez, diez". Esto se repite una y otra vez del uno al diez.

En si, el sólo hecho de contar no es la meditación, pero el conteo ha llegado a ser un auxiliar esencial para la meditación. Una persona que no ha practicado meditación antes, al encontrar difícil de entender la naturaleza de su mente, podría pensar que está meditando mientras que su mente corre a troche y moche. El conteo es un método fácil para controlar la mente errante.

Si una persona fija bien su atención en su meditación, puede mantener correctamente el conteo. Si su mente vuela en todas direcciones, y pierde el conteo, esa persona se confunde y así puede darse cuenta de que su mente ha divagado. Si la mente pierde contacto con el conteo, el meditador debe comenzar nuevamente a contar. De esta manera deberá iniciar nuevamente el conteo desde el principio, aun si se equivoca mil veces.

Conforme se desarrolla la práctica, puede haber un tiempo en el que la inhalación y la exhalación son más frecuentes y no es posible repetir el mismo número muchas veces. Entonces, el meditador tiene que contar rápidamente "uno", "dos", "tres", etc. Cuando cuenta de esta manera puede comprender la diferencia entre la inhalación y exhalación prolongada y la inhalación y exhalación breves.

(ii) Seguimiento (anubandhana)

"Seguimiento" significa seguir la respiración con la mente. Cuando la mente ha sido sometida por el conteo y está fija en la inhalación y exhalación, el conteo se detiene y se reemplaza por el seguimiento mental del curso de la respiración. Esto está explicado por el Buddha de la siguiente forma:

"Cuando el meditador inhala prolongadamente comprende que está inhalando prolongadamente; y cuando está exhalando prolongadamente, comprende que está exhalando prolongadamente."

Aquí, uno no toma deliberadamente una inhalación prolongada o una exhalación prolongada. Uno simplemente comprende lo que está ocurriendo en realidad.

En el siguiente pasaje, el Buddha ha declarado que un meditador se entrena a sí mismo pensando: "Inhalaré experimentando la totalidad del cuerpo, y exhalaré experimentando la totalidad del cuerpo." Aquí, "la totalidad del cuerpo" significa el ciclo completo de inhalación y exhalación. El meditador debe fijar su atención de tal forma que pueda ver el principio, el medio y el final de cada ciclo de inhalación y exhalación. Es esta la práctica llamada "experimentando la totalidad del cuerpo."

El principio, el medio y el final de la respiración deben entenderse correctamente. Es incorrecto considerar la punta de la nariz como el principio de la respiración, el pecho como el centro, y el obligo como el final. Si uno intenta rastrear la respiración desde la nariz a través del pecho hasta el vientre, o seguirla en su salida desde el vientre a través del pecho hasta la nariz, la concentración de uno será interrumpida y la mente se volverá agitada. El principio de la inhalación, entendida adecuadamente, es el inicio de la inhalación, el medio es la continuación de la inhalación y el fin es cuando se ha completado la inhalación. De igual forma, respecto a la exhalación, el inicio es el principio de la exhalación el medio es la continuación de la exhalación y el fin es cuando se ha completado la exhalación. "Experimentar la totalidad del cuerpo" significa estar alerta al ciclo completo de cada inhalación y exhalación, manteniendo la mente fija en el punto alrededor de las fosas nasales o en el labio superior, en donde se siente la entrada y la salida del aire.

Este trabajo de contemplación de la respiración en el área que circunda las fosas nasales, sin seguir su entrada y salida del cuerpo, se ilustra en los comentarios con los ejemplos del portero y la sierra.

Así como el portero examina a cada persona que entra y sale de la ciudad sólo mientras pasa a través de la puerta, sin seguirlo hacia adentro o hacia afuera de la ciudad, así el meditador debe estar atento a cada respiración sólo mientras pasa a través de las fosas nasales, sin seguirlo al interior o al exterior del cuerpo.

Así como un hombre aserrando un tronco mantendrá su atención fija en el punto en donde los dientes de la sierra cortan a través de la madera, sin seguir el movimiento de los dientes hacia adelante y atrás, así el meditador debe contemplar la respiración como va y viene alrededor de las fosas nasales, sin dejar que su atención se distraiga por el paso interior y exterior de la respiración a través del cuerpo.

Cuando una persona medita seriamente de esta forma, viendo el proceso entero, un gozoso estremecimiento penetra su mente. Y ya que la mente no vaga, todo el cuerpo se calma, sintiéndose fresco y confortable.

(iii) Contacto (phusana) y (iv) Fijación (ṭhapana)

Estos dos aspectos de la práctica indican el desarrollo de una concentración más fuerte. Cuando se mantiene la atención plena en la respiración, la respiración en sí llega a ser más y más sutil y tranquila. Como resultado, el cuerpo se calma y cesa la sensación de fatiga. El dolor corporal y el adormecimiento desaparecen, y el cuerpo comienza a sentir un confort estimulante, como su hubiera sido rociado con una brisa fresca y suave.

En ese momento, debido a la tranquilidad de la mente, la respiración se vuelve cada vez más fina hasta que parece que ha cesado. A veces esta condición se prolonga durante muchos minutos. Esto es cuando la respiración deja de ser "sentida". En este momento es cuando algunas personas se sienten alarmadas pensando que su respiración ha cesado, pero no es así. La respiración existe, pero en una forma muy delicada y sutil. No importa cuán sutil llegue a ser la respiración, uno debe mantenerse atento todavía al contacto (phusana) del aire en el área de las fosas nasales sin perder noción de ello. La mente se libera entonces de los cinco obstáculos -deseo sensual, enojo, somnolencia, agitación y duda. Como resultado uno se siente calmado y gozoso.

Ésta es la etapa en que los "signos" o imágenes mentales aparecen anunciando el triunfo de la concentración. Primero viene el signo del aprendizaje (uggaha-nimitta), luego el signo de la contraparte (paṭibhāga-nimitta). Para algunos, el signo aparece como una mota de algodón, como una luz eléctrica, una cadena de plata, como neblina o como una rueda. Al Buddha se le apareció como la clara y brillante luz del sol de medio día.

El signo del aprendizaje es inestable, se mueve aquí y allá, arriba y abajo. Pero el signo de la contraparte que aparece en el punto donde terminan las fosas nasales es fijo, quieto, sin movimiento . En este momento no hay obstáculos, la mente es de lo más activa y extremadamente tranquila. Esta etapa es explicada por el Buddha cuando manifiesta que uno inhala tranquilizando la actividad del cuerpo, uno exhala tranquilizando la actividad del cuerpo.

El surgimiento del signo de la contraparte y la supresión de los cinco obstáculos marca el logro del acceso a la concentración (upacāra-samādhi). Posteriormente, conforme se desarrolla la concentración, el meditador logra la completa absorción (appanā-samādhi), comenzando con la primera jhāna. Con la práctica del ānāpāna-sati pueden lograrse cuatro etapas de absorción es decir, la primera, segunda, tercera y cuarta jhānas. A estas etapas de concentración profunda se les llama "fijación" (ṭhapana).

(v) Observación (sallakkhaṇa) - (viii) Recapitulación (paṭipassanā)

Una persona que ha alcanzado una jhāna no deberá detenerse ahí, sino continuar hasta desarrollar la meditación de introspección (vipassanā). A las etapas de introspección se les llama "observación" (sallakhaṇa). Cuando la introspección logra su clímax, el meditador alcanza los senderos supramundanos, comenzando con la etapa de la entrada en la corriente. Debido a que estos senderos alejan los grilletes que lo unen a uno al ciclo de nacimiento y muerte, se les llama "alejamiento" (vivaṭṭana).

Los senderos son seguidos por su respectivo estado de fruición; esta etapa es llamada de la "purificación" (parisuddhi) ya que uno ha sido limpiado de sus impurezas. De ahí en adelante uno logra la etapa final, el conocimiento de recapitulación, llamado retrospección (paṭipassanā) ya que uno ve hacia atrás el propio camino de progresos y logros, en su totalidad. Ésta es una revisión breve de las etapas principales a lo largo del camino al Nibbāna, basado en la meditación de ānāpāna-sati. Ahora examinemos el curso de la práctica en términos de las siete etapas de purificación.



Las siete etapas de purificación
La persona que ha asumido la práctica comienza estableciéndose a sí misma en un código moral adecuado. Si es un laico, primero establece los cinco preceptos o los diez preceptos. Si es un bhikkhu, comienza su meditación mientras mantiene escrupulosamente el código moral prescrito para él. La observancia ininterrumpida de su código moral respectivo constituye la purificación de la moralidad (sìla-visuddhi).

Después, él se aplica a su tópico de meditación, y como resultado, los obstáculos llegan a ser subyugados y la mente se fija en la concentración. Esta es la purificación de la mente (citta-visuddhi) - la mente en la que los obstáculos ya han sido superados completamente - e incluye tanto el acceso a la concentración como las cuatro jhānas.

Cuando el meditador está bien establecido en la concentración, el siguiente paso es volver su atención a la meditación de introspección. Para desarrollar la introspección en base del ānāpāna-sati, el meditador considerará primero que este proceso de inhalar y exhalar es únicamente forma, una serie de eventos corporales -no un "yo" o ego. Los factores mentales que contemplan la respiración son, en cambio, sólo mente, una serie de eventos mentales -no un "yo" o ego. Esta discriminación de mente y materia (nāma-rùpa) es llamada la purificación de la visión (diṭṭhi-visuddhi).

Aquel que ha llegado a esta etapa comprende el proceso de inhalación y exhalación por medio de las condiciones de surgimiento y cesación de los fenómenos corporales y mentales involucrados en el proceso de la respiración. Este conocimiento, que llega a extenderse a todos los fenómenos corporales y mentales en términos de su surgimiento dependiente, se llama la comprensión de las condiciones. Conforme madura el entendimiento, se desvanecen todas las dudas concebidas por él, en relación al pasado, futuro y presente. Por lo tanto, esta etapa es llamada "purificación mediante la trascendencia de las dudas."

Después de haber entendido las relaciones causales de mente y materia, el meditador procede a la meditación de introspección, y en su momento surge la sabiduría "viendo el surgir y cesar de las cosas". Cuando el meditador inhala y exhala, ve los estados corporales y mentales surgiendo y cesando de existir momento a momento. Conforme se vuelve más clara esta sabiduría, la mente se ilumina y surgen la felicidad y la tranquilidad, junto con la fe, el esfuerzo, la atención plena, la sabiduría y la ecuanimidad.

Cuando aparecen estos factores, él reflexiona en ellos, observando sus tres características de impermanencia, sufrimiento y ausencia de ego. A la sabiduría que distingue entre los resultados regocijantes de la práctica y la tarea de la contemplación sin apego, se le llama "purificación por el conocimiento y la visión del verdadero sendero y del falso sendero" Su mente, purificada así, ve muy claramente el surgimiento y cesación de la mente y la materia.

Luego ve, con cada inhalación y exhalación, el rompimiento de los fenómenos concomitantes mentales y corporales, los cuales aparecen exactamente como la explosión de las burbujas en una olla con arroz hirviente, o como el rompimiento de las burbujas cuando llueve en un charco de agua, o como el crujir de las semillas de mostaza o ajonjolí cuando se las pone en una sartén al rojo vivo. Esta sabiduría que ve el rompimiento constante e instantáneo de los fenómenos mentales y corporales es llamada "el conocimiento de disolución". A través de esta sabiduría se adquiere la habilidad de ver cómo todos los factores de la mente y el cuerpo en todas partes del mundo surgen y desaparecen.

Luego surge en él la sabiduría que ve todos estos fenómenos como un espectáculo temible. Ve que en ninguna de las esferas de existencia, ni siquiera en los planos celestiales, hay un placer o felicidad genuinos, y comprende el infortunio y el peligro.

Entonces concibe una repugnancia hacia toda la existencia condicionada.

Emerge en él un urgente deseo de liberarse del mundo y un intenso deseo de liberación. Luego, al considerar los medios para liberarse a sí mismo, surge ahí en él un estado de sabiduría que inmediatamente capta la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de ego, y conduce a niveles sutiles y profundos de introspección.

Ahora aparece en él la compresión de que los agregados de la mente y el cuerpo que aparecen en todos los sistemas del mundo están afligidos por el sufrimiento, y se da cuenta de que el estado de Nibbāna, que trasciende el mundo, es enormemente pacífico y confortante. Cuando comprende esta situación, su mente alcanza el conocimiento de la ecuanimidad acerca de las formaciones. Éste es el clímax de la meditación de introspección, llamada "purificación por el conocimiento y visión de progreso."

Conforme se vuelve inmutable, aumenta su destreza en la meditación, y cuando sus facultades están totalmente maduras entra al proceso cognitivo del sendero de la entrada en la corriente (sotāpatti). Con el sendero de la entrada en la corriente, él realiza Nibbāna y comprende directamente las Cuatro Nobles Verdades. El sendero es seguido por dos o tres momentos del fruto de la entrada en la corriente, por los cuales él disfruta de los frutos de su logro. De ahí en adelante surge ahí el conocimiento de recapitulación, por medio del cual él reflexiona en su progreso y su logro.

Si uno continúa la meditación con aspiración seria, desarrollará de un modo nuevo las etapas del conocimiento de introspección y realiza los tres más elevados senderos y sus frutos: del que retorna una vez más, del que no retorna y del Arahat. Estos logros, junto con la entrada en la corriente, forman la séptima etapa de purificación, purificación por el conocimiento y visión. Con cada uno de estos logros se da cuenta plenamente del significado de las Cuatro Nobles Verdades, que hasta entonces había sido inalcanzado a lo largo de la propia permanencia prolongada en el ciclo de renacimientos. Como resultado, todos las impurezas contenidas en la mente son arrancadas y destruidas, y la mente de uno se vuelve completamente pura y limpia. Entonces, uno realiza el estado de Nibbāna, en el que uno es liberado de todo el sufrimiento de nacer, envejecer y morir, del pesar, de la lamentación, del dolor, de la aflicción y desesperación.



Conclusión
Nacimientos como los nuestros son raros en el saṃsāra. Hemos sido afortunados de encontrar el mensaje del Buddha, de disfrutar la asociación con buenos amigos, de tener la oportunidad de escuchar el Dhamma. Como hemos estado dotados con todos estas bendiciones, si nuestras aspiraciones maduran, podemos alcanzar, en esta vida, el objetivo final del Nibbāna a través de sus etapas graduales de la entrada en la corriente, del que retorna una vez, del que no retorna y del estado de Arahat. Por lo tanto, hagamos que nuestra vida fructifique desarrollando regularmente la meditación del ānāpāna-sati. Habiendo recibido las instrucciones adecuadas de cómo practicar este método de meditación, uno deberá purificar la propia virtud moral, observando los preceptos y ofreciendo la propia vida a la Triple Joya.

Uno deberá elegir un tiempo conveniente para la meditación y practicar con la mayor regularidad, reservando el mismo período de tiempo cada día para la propia práctica. Uno podría comenzar reflexionando brevemente sobre las abundantes virtudes del Buddha, extendiendo la benevolencia hacia todos lo seres, reflexionando en el aspecto repulsivo del cuerpo y considerando la inevitabilidad de la muerte. Luego, haciendo emerger la confianza de que uno está caminando por el sendero hacia el Nibbāna, transitado por todos los iluminados del pasado, deberá progresar en el camino de la meditación y esforzarse con diligente empeño.

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Código: FDD 006
Título: ĀNĀPĀNA-SATI: MEDITACIÓN EN LA RESPIRACIÓN
Autor: Ven. Mahathera Nauyane Ariyadhamma
Fecha de publicación: 1988
Editor: Buddhist Publication Society, Sri Lanka
Dirección del Editor: P.O. Box 61, 54, Sangharaja Mawatha, Kandy Sri Lanka
Original: Ānāpāna-sati
Derechos Reservados 1988 por Gunawardana Yogashrama Charitable Trust.
Originalmente expresada como un sermón bajo el Árbol Bodhi en Kalutara.
Traducido del cingalés al inglés por el Profesor U.D. Jayasekera.
Traducido del inglés al español por Gloria Ávila
Fecha: 1997
Fuentes: TimesPali (traspasado a Unicode)
Páginas: 10
Reproducción de la traducción española con permiso de la Buddhist Publication Society (1997)

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* Venerable Mahathera Nauyane Ariyadhamma. Traducción al español por Gloria Ávila. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 1999. Última revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.

El Arte de los Mandalas Tibetanos




El Arte de los Mandalas Tibetanos

Breve introducción al arte y significado de los mandalas tibetanos.
Por Lobsang Dawa.


La palabra tibetana para mandala es Khil-Khor, que literalmente significa “el centro y los alrededores”, pero en ocasiones se traduce también como “círculo sagrado”. Existen varios tipos de mandalas empleados para diferentes propósitos. Por un lado, están los mandalas elaborados o visualizados “como una tierra pura de Buda”, los cuales se ofrecen a los seres iluminados y/o a los maestros espirituales con la intención de acumular méritos. Otro tipo de mandalas son los que se utilizan durante una iniciación tántrica, en donde el mandala representa la residencia del Buda relacionado con dicha iniciación y el maestro introduce al discípulo en el significado del mandala como parte del ritual. En este contexto los mandalas que se utilizan para la ceremonia pueden ser pintados en tela, creados con arena de colores o bien, simplemente visualizados. Los mandalas de arena, a su vez, pueden elaborarse a petición de la comunidad con la intención de pacificar desastres naturales, traer paz y armonía a un lugar determinado y sus habitantes, como una bendición durante un retiro de meditación, o para consagrar medicinas en el caso de un mandala relacionado con el Buda de la medicina.

Los mandalas también cumplen con diferentes propósitos de acuerdo con la figura Budica que representan; por ejemplo, Avalokiteshvara representa la compasión; Manjushri, la sabiduría; Vajrapani, la fuerza; Amitayus, la longevidad, etc. Asimismo cada mandala puede prepararse para simbolizar una de las cuatro actividades iluminadas, en este caso el color base de la arena que se utiliza identifica la actividad particular. Así, la base blanca simboliza las actividades de pacificación, la amarilla es para el incremento, la roja para el poder y el azul oscuro para las actividades airadas.

En general, todos los mandalas tienen significados externos, internos y secretos. En el aspecto exterior representan el mundo en su forma divina, en el interior, un mapa mediante el cual la mente ordinaria puede transformarse en la experiencia de la iluminación, y en el aspecto secreto muestran el perfecto balance primordial de las energías sutiles del cuerpo y la dimensión de la clara luz de la mente. Se dice que la creación de un mandala de arena purifica en estos tres niveles.

Antiguamente los polvos para elaborar los mandalas de arena se preparaban con piedras semi-preciosas. Se utilizaba el lapislázuli para el color azul, los rubíes para el rojo, etc. En la actualidad se preparan con polvo de mármol teñido y –en ocasiones– con fina arena blanca de playa.

En general los mandalas de arena se construyen sobre una superficie plana de madera. Antes de comenzar su elaboración, se hace una ceremonia para consagrar el lugar invocando a los seres iluminados como testigos del trabajo meritorio que se llevará a cabo y se pide permiso a los espíritus dueños de la tierra para que no obstaculicen el trabajo. Con ese propósito se realiza la danza de los “sombreros negros”.

Una vez terminada la ceremonia, se comienzan a trazar con gis las líneas que servirán como guía para colocar la arena. Todo esto se aprende de memoria y está basado fielmente en las escrituras budistas; no hay espacio para el error o la improvisación. A continuación se empieza a colocar la arena desde el centro hacia las orillas, simbolizando el hecho de que al nacer sólo somos una gota de esperma y un óvulo, y vamos evolucionando hasta que el universo entero se percibe a través de los sentidos. Cuando el mandala está terminado y llega el momento de desmantelarlo, la arena se recoge de las orillas hacia el centro, representando cómo al morir regresamos de nuevo a la fuente primordial en el centro de nuestro corazón.

Para “dibujar” con la arena, se emplea un cono de cobre llamado chang-bu, el cual tiene ranuras en uno de sus lados y con una varita delgada de cobre se frota suavemente (como en un güiro) de tal forma que la arena sale finamente por el pequeño orificio al final del cono gracias a la vibración. Esto permite crear dibujos extraordinariamente pequeños y precisos.

Cada elemento del mandala encierra un profundo significado y la figura central simboliza al Buda en el cual se basa la construcción del mandala. Así, por ejemplo, el mandala de Avalokiteshvara puede ser identificado por una flor de loto que se encuentra al centro simbolizando a dicho Buda. El mandala del Buda Akshobya se identifica mediante un vajra azul, el de Buda Amitayus por su sílaba raíz al centro del mandala y, en ocasiones, la misma figura del Buda elegido se dibuja con detalle en el centro.

Al observar detenidamente un mandala de arena, podemos ver que es como un palacio visto desde arriba en el cual hay torres, cada una con su entrada hacia una de las cuatro direcciones, a su vez representadas por colores: amarillo para el norte, verde para el sur, azul para el oeste y rojo para el este. En cada una de estas entradas se encuentra un guardián o protector. Es posible identificar también columnas y arcos, alrededor de las cuales se ubican vallas como las de vajras y fuego.

Cuando la construcción de un mandala de arena se termina, se lleva a cabo una consagración en la cual se invoca al determinado Buda para que permanezca en esta residencia. Se agradece a los espíritus locales por no haber creado obstáculos durante la elaboración y se dedican los méritos acumulados por la creación de un mandala para la sanación del planeta y sus habitantes. Al finalizar dicha ceremonia se comienza a recoger la arena y esto cumple con dos propósitos fundamentales: primero, demostrar la impermanencia de los fenómenos (tarde o temprano todo se termina y el apegarnos a lo efímero sólo nos trae sufrimiento); el segundo propósito tiene que ver con el ideal de querer beneficiar a los demás con nuestros actos y por esa razón se reparte la arena entre quienes presencian la ceremonia de clausura como una bendición, mientras que otra parte de la arena se deposita en un cuerpo de agua como un río, un lago o directamente en el mar, con la intención de purificar el ambiente y a sus habitantes, y llevar esa bendición a todos los rincones de la tierra.

El patrocinar, colaborar o simplemente observar la creación y el desmantelamiento de un mandala de arena, tiene efectos purificadores muy profundos para los seres y el ambiente donde se construye. Las deidades y espíritus locales se complacen y se regocijan, por lo cual mandan sus plegarias para que prevalezca la paz y la prosperidad en esa tierra. Los Budas y Bodhisattvas observan desde las tierras puras donde habitan, mandando un lluvia de bendiciones. En breve, son muchos los beneficios tanto temporales como espirituales que se producen al participar en la creación de un mandala de arena.

Fuentes:


1. The Mystical Arts of Tibet. Glenn Mullin, Andy Weber. Longstreet Press. 1996.
2. Instrucción oral de Gueshe Khenrab, maestro residente del Instituto Loseling de México.
3. Instrucción oral de Gueshe Chogyal, ex-maestro residente del Instituto Loseling de México.